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NUNCA DEMASIADO GRANDE PARA ESCUCHAR

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El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza. Proverbios 1:7.

Moisés estaba familiarizado con la región donde estaban acampando los israelitas. Había apacentado las ovejas por esos lugares durante cuarenta años, y conocía cada valle, cada cumbre y cada montaña. Estaba tan cerca de su antiguo hogar que era vergonzoso que no pudiera hacerse una escapada para verlo. Pero, con tanta gente que guiar y tantos problemas por resolver, no había tiempo para unas vacaciones.

Jetro, su suegro, había oído que los israelitas estaban cerca, y él, junto con Séfora, la esposa de Moisés, y sus dos hijos, Gersón y Eliezer, partieron hacia el campamento de Israel.

Los mensajeros vinieron corriendo hasta la tienda de Moisés con la noticia emocionante: “Tu suegro, tu esposa y tus dos hijos están viniendo a verte”

Gozosamente, Moisés detuvo lo que estaba haciendo y salió a encontrarlos. No había visto a su familia en meses. Había esperado que oyeran que los israelitas estaban cerca y que vinieran a encontrarlo.

Qué bueno era ver a su familia Después de que los abrazos y los besos terminaron, los condijo hasta su tienda. Como cualquiera de nosotros que haya estado separado de Sus amados por tanto tiempo, Moisés quiso contarles las maravillosas cosas que habían ocurrido desde que los había dejado, Por supuesto, Jetro, Séfora y los niños ya habían oído algunas de ellas, El cruce del mar Rojo fue una noticia tan grande que cada comerciante, viajero y pastor estaba hablando de eso, pero ellos querían oír los detalles de Moisés, Siempre es bueno contar la maravillosa guía de Dios,

Mientras Jetro permaneció en el campamento, notó que Moisés estaba ocupado todo el día con los problemas de cientos de personas. Moisés se sentaba y escuchaba sus quejas, y luego actuaba como juez en cada caso, Jetro sacudió su cabeza. No, esto no había que hacerlo así. Su yerno pronto se agotaría.

Entonces, le sugirió a Moisés que designara líderes capaces que estuvieran debajo de él: unos que fueran responsables de miles de personas; otros, de cientos; algunos más, de grupos de cincuenta; y aun otros, de decenas.

Esto le quitaría una pesada carga a Moisés, y este asintió con su cabeza en aprobación. Aunque Moisés era el líder designado por Dios en Israel, estuvo dispuesto a tomar consejo de otros. La recomendación de Jetro era buena, y Moisés, quien verdaderamente reverenciaba a Dios, estuvo dispuesto a escuchar y seguir su consejo.

 


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