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ESCALANDO LA NUBE PARA ENCONTRAR AL REY

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La gloria de Jehová reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días; y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube. Éxodo 24:16.

No era suficiente para el pueblo oír la Ley hablada. Dios la pondría por escrito. Llamó a Moisés para que subiera la montaña a fin de recibir los Diez Mandamientos en dos tablas de piedra hechas por Dios y escritas con su propio dedo. Servirían como una guía, para todo el pueblo, hacia la verdadera felicidad. Moisés también iba a recibir instrucciones específicas en relación con Israel como nación.

Moisés tomó a Josué consigo, dejando a Aarón y a Hur a cargo del campamento. Sobre ellos, la nube se extendía oscura y espesa, escondiendo la cumbre de la vista. Cuando alcanzaron el borde de la nube, se detuvieron y esperaron por más palabras del Señor. Nada vino, Esperaron varias horas, y todavía no había ninguna palabra. El sol se ocultó, y todavía estaban esperando.

A la mañana siguiente, comieron el maná que cayó y bebieron del arroyo que fluía de la roca que Moisés había golpeado para que Israel tuviera suministro de agua. Por seis días esperaron sin ninguna instrucción del Señor sobre qué hacer.

“Este plazo de espera fue para él un tiempo de preparación, de íntimo examen de conciencia. Aun este favorecido siervo de Dios no podía acercarse inmediatamente a la presencia divina ni soportar la manifestación de su gloria. Hubo de emplear seis días de constante dedicación a Dios mediante el examen de su corazón, la meditación y la oración, antes de estar preparado para comunicarse directamente con su Hacedor” (Patriarcas y profetas, p. 322).

El séptimo día, como si anunciara el sábado, la nube se separó en una abertura brillante y la gloria del señor apareció como un fuego devorador. Abajo en el campamento, todo Israel vio la señal.  

Dios llamó a su siervo Moisés de en medio de la nube misteriosa y, fiel a su deseo de estar con Dios, Moisés comenzó a subir en medio de la nube. Josué no lo siguió. “Permaneció afuera, y continuó comiendo y bebiendo diariamente mientras esperaba el regreso de Moisés; pero este ayunó durante los cuarenta días completos” (ibíd., p. 323).

Esto fue lo más cercano que alguna persona había llegado a estar de Dios físicamente, Moisés nunca podría haber tenido esta experiencia si no hubiera tomado tiempo de examinarse y prepararse para encontrarse con el Rey.


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