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ADORACIÓN BARATA

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Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. Éxodo 32:7.

Aún era el líder designado mientras su hermano estaba arriba, en la montaña. Era su responsabilidad mantener las mentes del pueblo fijas en el verdadero Dios. Sin embargo, en lugar de ello, se convirtió en quien finalmente construyó el becerro de oro.

Cuando la multitud mixta reclamó a los gritos por algún dios del tipo al que estaban acostumbrados en Egipto, Aarón tímidamente les dijo que no debían adorar nada como eso. Pero, esta actitud débil y vacilante solo alentó a la creciente multitud de personas a gritar más fuerte por un becerro de oro.

Si Moisés hubiera estado allí, les habría recordado firmemente al Dios del cielo y les habría ordenado regresar a sus tiendas. Pero Aarón no tenía este tipo de columna vertebral. En lugar de ello, permitió que el pueblo tomara la delantera. Percibiendo su debilidad, el pueblo comenzó a gritar más y más fuerte, Aarón tuvo miedo de perder su vida si la muchedumbre se agrandaba demasiado y enloquecía. -

“Tráiganme todos sus adornos”, dijo. Aarón esperaba que estuvieran tan encariñados con las joyas que habían traído de Egipto que no habría material para ningún ídolo.

Pero el pueblo, voluntariamente, trajo todos sus adornos y los colocó en una gran pila. Aarón los fundió y formó un becerro de oro, como los animales sagrados que habían visto que se adoraban en Egipto.

Cuando vio qué felices y satisfechos los había hecho esto, construyó un altar enfrente de la imagen e hizo un anuncio.

“Mañana será fiesta al Señor”

“El anuncio fue proclamado por medio de trompetas, de compañía en compañía, por todo el campamento” (Patriarcas y profetas, p. 327). A esta altura, los israelitas estaban tan entusiasmados por tener un dios al que, en efecto, podían ver y sentir que se levantaron muy temprano y comenzaron su culto. Esta “fiesta del Señor” acabó en una fiesta salvaje llena de borrachera, sexo y glotonería. El diablo se había anotado un triunfo. Cada vez que logra que la gente mezcle sus antojos egoístas con la religión, siempre gana.

Se necesitaba un líder fuerte para detener esta gran infidelidad. Dios interrumpió sus propias instrucciones para decirle a Moisés que era hora de regresar al campamento.

 


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