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LA GRAN PREGUNTA Y EL DÉBIL PRETEXTO

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Dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado? Éxodo 32.21.

Moisés apareció de la neblina, llevando la Ley tallada en piedra. Abriéndose paso por - el sendero, se aproximó a Josué, Descendieron juntos. Pronto pudieron ver el campamento, los sonidos de música extraña y voces excitadas subieron hasta ellos.

Dios le había advertido a Moisés que los israelitas se habían vuelto a la idolatría mientras él estaba ausente, pero no esperaba ver un espectáculo como ese. El pueblo estaba bailando alrededor del becerro de oro y actuaban como animales, gritando salvajemente su alabanza a esa criatura hecha por el hombre como si eso hubiera sido lo que los sacó de la tierra de Egipto.

Moisés se enojó tanto por este terrible insulto a Dios que arrojó las tablas de piedra justo enfrente de todos, ilustrando cómo habían quebrantado la Ley de Dios. Habían hecho una promesa solemne antes de que él subiera a la montaña: “Todo lo que Jehová ha dicho, haremos” (Éxodo 19,8). Su compromiso de ser fieles a Dios se había hecho añicos.

Pasando a través de la multitud de gente que bailaba, Moisés tomó el ídolo y lo arrojó al fuego. Más tarde, molió el oro hasta convertirlo en polvo y lo vertió en el arroyo que descendía de la montaña. Luego, ordenó al pueblo que bebiera el agua, para mostrarles lo inútil que era su dios de oro.

 Lo siguiente fue llamar a Aarón. Quería una explicación completa de por qué había permitido esto.

Aarón hizo lo que todos los hombres débiles hacen bajo presión: esquivó su responsabilidad culpando a alguien más. Después, para colmo, quiso que Moisés pensara que había habido Un milagro cuando pidió las joyas al pueblo. "Y me lo dieron, y lo eché en el fuego, y salió este becerro" (Éxodo 32:24).

Aarón quería caerle bien a la multitud y eso se convirtió en la cosa más importante para él. Dejó de centrarse en la grandeza de Dios y su cuidado milagroso, y cometió uno de los peores tipos de pecados: conducir a otros a apartarse de la verdadera Fuente de vida. Dios estaba comprensiblemente enojado con lo que Aarón había hecho.

Moisés no había “nacido ayer” y no creyó en la mentira de Aarón ni un minuto. No iba a creer en un pretexto tan endeble, e inmediatamente se dispuso a arregla: las cosas.

 


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