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EL SEÑOR PACIENTE PIERDE LA PACIENCIA

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Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? Hebreos 3:15,16.

Desde la terrible rebelión que había comenzado con la codicia de Coré acerca del sacerdocio, Dios quiso dar una prueba final para que todos supieran a quién había elegido él personalmente. Se le dijo a Moisés que un príncipe de cada tribu escribiera su nombre en un bastón. Las varas fueron a ser recostadas frente al arca sagrada, el Arca del Testimonio. A la mañana siguiente, la vara de Aarón había brotado, florecido y dado almendras.  

El milagro de la vara de Aarón, que había crecido sin raíces, convenció al pueblo, de una vez por todas, sobre a quién había elegido Dios para el sacerdocio. Moisés colocó el bastón del milagro dentro del Arca con los Diez Mandamientos y el tazón con maná; así, las futuras generaciones no se olvidarían.

Hacia el final de los cuarenta años de vagar por el desierto, los israelitas, una vez más, llegaron a Cades. María murió allí. Ella, que había conducido a las mujeres tan felizmente en el canto a orillas del mar Rojo, no pudo entrar en la Tierra Prometida.

¿Aprendería la generación más joven la lección de confiar en Señor?

Dios iba a probar a su pueblo. Desde que Moisés había golpeado la roca en Horeb, siempre habían tenido suficiente agua. Salía agua a borbotones de las rocas donde fuera que acampaban. Era un milagro continuo que simbolizaba cómo Cristo sería golpeado una vez, moriría por nuestros pecados y proveería el agua de la salvación para todos. Pero, ahora no había más agua; y el pueblo tuvo la oportunidad de probar por unos pocos días que podía caminar por fe y no solo por vista. En lugar de ello, inmediatamente comenzaron a quejarse: “¡No hay agua!”

Se le dijo a Moisés que tomara su bastón, y que saliera con Aarón y le hablara a la roca. En lugar de ello, y porque estaban enojados con el pueblo, Moisés gritó: “¡Oíd ahora, rebeldes. ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?” (Números 20:10).

Luego, en su enojo, alzó su bastón y golpeó la roca dos veces. El agua salió a chorros, pero Moisés no había seguido la instrucción de Dios. Por primera vez en todos estos años, perdió la paciencia. Sacó sus ojos de Dios cuando fue provocado, y eso fue demasiado malo para todos.

 


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