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EL ASNA CON VISIÓN 20/20

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El justo cuida de la vida de su bestia; mas el corazón de los impíos es cruel. Proverbios. 12:10.

Cuando los mensajeros del rey Balac regresaron de la Mesopotamia con la noticia de que Balaam había rehusado ir y maldecir a Israel, Balac lo malinterpretó. Pensó que era porque Balaam quería más dinero. Juntó a otros mensajeros con posiciones más importantes, los instruyó para que le ofrecieran a Balaam mayor honor y más dinero, y los envió por el norte, a la casa de Balaam.

Cuando los majestuosos mensajeros llegaron, Balaam pretendió ser muy religioso. “Aunque Balac me diese su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar la palabra de Jehová mi Dios para hacer cosa chica ni grande”, dijo con una sinceridad fingida (Números 22:18).

Durante la noche, Dios le dijo a Balaam que fuera a Moab si los mensajeros todavía lo querían, pero que iba a hablar solamente las palabras que Dios le diera. Los mensajeros estaban irritados por la demora de Balaam y se escabulleron temprano en la mañana sin avisarle.

Cuando Balaam se dio cuenta de lo que había pasado, ensilló su asna y se fue rápidamente, para alcanzarlos. De pronto, el asna dejó el camino y se fue por el campo a la carrera, casi tirando a su jinete en la corrida. Balaam se enojó y, cruelmente, la golpeó hasta que regresó al camino. ¡No tenía idea de que se había desviado porque había visto a un ángel con una espada desenvainada!

Cuando llegaron a una senda angosta a través de un viñedo con una pared a cada lado, el ángel apareció otra vez. Esta vez el asma intentó dar la vuelta y se acercó tanto a un lado que machacó el pie de Balaam. Ahora Balaam estaba muy enojado y golpeó sin misericordia al pequeño animal. Un poco más lejos, el ángel hizo otra aparición donde el sendero era tan angosto que no había lugar para dar la vuelta. Esta vez, el asna estaba bastante tensa y se cayó bajo su jinete, Balaam dio un salto y comenzó a golpear al animal con toda su fuerza.

De pronto, Dios abrió la boca del asna, y esta comenzó a quejarse por la crueldad.

Balaam estaba tan enloquecido con el enojo que le respondió, sin tomar tiempo para darse cuenta de que su asna estaba, efectivamente, hablando con él

Pasan cosas locas cuando nos olvidamos de Dios e insistimos en hacer lo que queremos hacer.

 

 


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