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DAME ESTE MONTE

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Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tales ahora mi fuerza [...]. Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día. Josué 14:11, 12.

La guerra de Israel contra los paganos continuó por muchos años. Al final, las naciones que los rodeaban los aceptaron como sus nuevos vecinos, y “la tierra descansó de la guerra” (Josué11:23). La tarea de Josué había terminado. El poder de los cananeos había sido roto. Sin embargo, todavía había secciones menores de donde el enemigo tenía que ser expulsado. Ahora dependía de cada tribu eliminar la última resistencia que quedaba.

|Mientras la tierra estaba siendo dividida de acuerdo con las tribus, un hombre mayor se presentó con uno de los pedidos más extraños de toda la Biblia. Caleb, ahora de 85 años, se acercó a Josué con los jefes de su tribu y afirmó: “Yo era de edad de cuarenta años cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades barnea a reconocer la tierra”. Diez de los espías dieron un informe desalentador, “pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios” (147,8).

Josué asintió con la cabeza. Conocía muy bien la historia. Caleb le recordó a su amigo Josué que Dios lo había mantenido vivo todos esos años de vagar en el desierto con los hijos de Israel. Luego, en tonos que debieron de haber hecho que las cejas de Josué se arquearan hacia arriba, Caleb le pidió Hebrón, la fortaleza de los anaceos: los gigantes que habían atemorizado tanto a los diez espías Caleb no estaba tratando de presumir o conseguir alguna mejor tierra para sí mismo. Su meta era inspirar a todo Israel atener coraje. Hoy, debemos encontrar a los gigantes de la tentación que están resistiendo en las fortalezas de nuestros corazones. Si se quedan, Satanás y toda su hueste nos destruirán al final. Pero podemos ganar de la misma manera en que lo hizo Caleb: enfrentando a esos gigantes de la tentación creyendo en las promesas de Dios. Pueden intentar maltratar nuestro cuerpo con drogas, alcohol, demasiada comida chatarra o placeres egoístas. Pueden intentar atraparnos, como lo hicieron con Balaam, con la avaricia. Pueden intentar engañarnos con el orgullo, haciéndonos querer recibir el crédito nosotros en lugar de dar la gloria a Dios, que se lo merece.

Pero, cualesquiera que Sean los gigantes, p0demos enfrentarlos a todos con fe y Valentía, diciendo con Caleb: "Dame este monte".

 

 


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