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CERRANDO LA BOCA A LOS PEDANTES

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La boca del necio es quebrantamiento para sí, y sus labios son lazos para su alma. Proverbios 18:7.

Aunque sus nombres eran muy similares, Eliseo y Elías eran muy diferentes. Elías era bueno para ir directo al punto. Podía mirar al malvado rey Acab directo a los ojos, y contarle sobre la ruina venidera. Eliseo era más apacible y amable, y enseñaba suavemente al pueblo el camino del Señor.

Ambos eran valiosos. Dios necesitaba de Elías para que sacudieran al pueblo de su idolatría insensata y de sus malos caminos; y necesitaba de Eliseo, con el fin de alentarlos y colocarlos sobre un cimiento seguro en el Señor. Con frecuencia, Dios une a dos tipos distintos de personalidades para que el pueblo pueda ver un cuadro más amplio y completo de su propio carácter y sus caminos.

Ahora bien, Eliseo no era un insensato, un debilucho fofo, que no tenía el suficiente valor como para decir algo cuando era necesario hablar; para nada. Llegado el momento, él también podía presentar el mensaje de Dios con poder.

Después de dejar Jericó, Eliseo regresó a Bet-el. Mientras se acercaba a la ciudad, un grupo de muchachos más grandes, con nada útil para hacer, se acercó caminando hacia él. Todo lo que querían hacer era divertirse un poco, pensar en alguna broma e intentar verse mejores rebajando a otras personas. Eran realmente necios.

Siempre se puede detectar a los necios por las palabras que salen de sus bocas,

Todos estos muchachos habían oído acerca de cómo Elías había sido llevado al cielo, y pensaron que podían burlarse de Eliseo. No habrían osado decirle nada a Elías, pero querían probar al nuevo profeta burlándose y sugiriendo que podría dar un paseo por el cielo, también.

“¡Sube, calvo! ¡Sube, calvo!”, se burlaron.

Eliseo se dio vuelta y, bajo la inspiración de Dios, pronunció una maldición sobre ellos. Inmediatamente siguieron algunos juicios serios de parte de Dios. Dos osos llegaron rugiendo del bosque y destrozaron a 42 de los burladores. Las noticias se difundieron rápidamente. Esta única ocasión de juicio rápido, severo y terrible, fue suficiente para imponer respeto por el resto de la vida de Eliseo. Por cincuenta años, el profeta entró a Bet-el y salió de allí hacia otras ciudades, y viajó por todo el país, cruzando bandas de jóvenes resistentes, groseros, ociosos; pero ninguno jamás le habló bruscamente o restaron importancia a sus calificaciones como profeta de Dios.


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