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UNO ELIGIÓ LA VIDA

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Crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda. Mateo 27:38.

“Si realmente eres el Hijo de Dios”, gritaban los sacerdotes y las autoridades, “¡entonces desciende de la cruz!”

Los enemigos de Jesús le gritaban palabras horribles. Y había otras voces que misteriosamente se unieron a la terrible burla. “Satanás, con ángeles suyos en forma humana, estaba presente al lado de la cruz. El gran enemigo y sus huestes cooperaban con los sacerdotes y príncipes” (El Deseado de todas las gentes, p. 696).

“Salvó a otros, ¡pero no puede salvarse a sí mismo!”, espetaban.

 Al principio, ambos ladrones crucificados junto con Jesús se sumaron a los insultos. Pero, uno de ellos cambió de parecer. En realidad, no era un criminal reincidente; pero los sacerdotes y los gobernantes lo habían apartado del Salvador y lo ayudaron a sumergirse en la carrera del delito.

Mirando hacia abajo, a la gente que estaba allí, este ajusticiado observó a los líderes religiosos que sacaban sus lenguas y meneaban sus cabezas ridiculizando a Jesús; pero, también oyó y vio a aquellos que lo defendían. Al comparar a los dos grupos, la convicción de que Jesús era, de hecho, el Salvador, lo invadió.

Volviendo su cabeza, le habló al otro ladrón.

"¿No temes a Dios? Nosotros estamos recibiendo lo que merecemos, pero este hombre no ha hecho nada malo”.

A ninguno de los dos le quedaba algo que temer de nadie, pero había un Dios en el cielo a quien tendrían que enfrentar en el futuro.

“Señor”, lo llamó, “recuérdame cuando vengas en tu reino”. Rápidamente, la amorosa voz de Jesús respondió al sincero clamor: “Hoy te digo que estarás conmigo en el paraíso". Cuando Jesús venga en las nubes de gloria, el ladrón convertido será resucitado y se unirá a todos los santos, en su segunda venida.

Los líderes religiosos pensaron que colocando a Jesús entre dos criminales mostrarían que era el peor. En lugar de ello, cumplieron la antigua profecía: “Fue contado con los pecadores” (Isaías 53:12). Las palabras perdonadoras de Jesús mostraron que, en lugar de ser el peor criminal, era la figura central que proporcionaría salvación al mundo entero.


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