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PREDICANDO A LOS SOFISTICADOS

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La sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: Él prende a los sabios en la astucia de ellos. 1 Corintios 3:19.

Pablo y Silas decidieron irse de inmediato de Filipos. Después de consolar a los nuevos conversos, probablemente dando muchos abrazos y habiendo orado con sus nuevos amigos, salieron de la casa de Lidia y, junto con Timoteo, se dirigieron camino hacia Tesalónica. El doctor Lucas quedó allí.

Como Tesalónica era un centro comercial tan concurrido, atraía a muchos judíos. Aquí, Pablo y Silas tuvieron el privilegio de hablar a una gran congregación en la sinagoga judía. Como era usual, los judíos incrédulos estaban celosos de ellos, y mediante mentiras maliciosas tuvieron éxito en levantar a la gente de la clase más baja contra Pablo y Silas. Para evitar la violencia, los predicadores escaparon de la ciudad y viajaron a Berea.

Las cosas fueron mejor en Berea. Pero, pronto la escena cambió. Los judíos de Tesalónica siguieron a los misioneros hasta Berea e incitaron a la muchedumbre a la acción otra vez. Dejando a Silas y a Timoteo atrás, Pablo se dirigió a Atenas.

Cuando llegó allí, envió un mensaje con los creyentes bereanos para que Silas y Timoteo se reunieran con él rápidamente. Mientras esperaba por ellos, decidió comenzara predicar solo.

Aquí se habían congregado algunos de los filósofos, poetas y artistas más listos, más cultos y más talentosos del mundo. Pero, a pesar de lo sofisticada que era, la ciudad entera estaba entregada a la idolatría. Algunos de los atenienses sentían que eran mucho más inteligentes y preparados que Pablo.

"¿Qué querrá decir este palabrero?", se burlaban (Hechos 17:18).

Porque predicaba a Jesús y la resurrección, algunos pensaban que hablaba de algunos nuevos dioses extraños.

Pero, el mercado no era el lugar apropiado para un mensaje completo, y aquellos que escucharon su clara lógica decidieron llevarlo a la colina de Marte, donde podría ser escuchado:

“Ustedes, hombres de Atenas”, comenzó Pablo, “veo que son muy religiosos. Mientras pasaba, vi un altar con las palabras: ‘Al Dios no conocido’. Él es de quien les quiero hablar”.

Después, Pablo hizo lo mejor que pudo por elevar sus mentes al Dios del universo; usó todas sus habilidades y conocimiento. Pero al final, no hubo muchos en Atenas que creyeran.

A Pablo le resultó muy difícil trabajar por esas personas tan satisfechas consigo mismas.


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