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OTRA ELECCIÓN TRISTE

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Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano. Hechos 26:28.

Pablo permaneció como prisionero por dos años sin que se hiciera ninguna cosa sobre su caso.

Cuando Félix fue removido de su oficio, Festo lo reemplazó como gobernador. Los judíos imaginaban que esta sería una buena oportunidad para pedir que Pablo fuera traído de regreso a Jerusalén para enjuiciarlo, con la secreta intención de matarlo.

Los judíos habían fallado la primera vez bajo Félix, y esta vez no tuvieron más éxito. Descendieron desde Jerusalén para culpar a Pablo por un montón de cosas que no podían probar. Festo estaba ante una situación difícil podía ver que Pablo era inocente pero, si soltaba a Pablo, desataría una verdadera tormenta.

"¿Estás dispuesto a ir a Jerusalén para ser procesado?". Preguntó Festo.

Pablo sabía que nunca obtendría justicia de su propio pueblo. Cansado de la larga confusión sobre su caso y queriendo desesperadamente ir a Roma, donde podría esparcir la historia del evangelio, decidió usar su privilegio como ciudadano romano. ¡Era obvio que iba a estar mucho más seguro con los paganos que con los judíos!

“A los judíos no les he hecho ningún agravio [...]. A César apelo” (Hechos 25:10,11). Con eso alcanzó. La corte terminó su audiencia porque Pablo había apelado al tribunal romano más alto. Tan pronto como se pudiera encontrar un barco apropiado, iría a Roma y testificaría ante la Corte Suprema romana.

Mientras tanto, el rey Agripa II y su hermana Berenice llegaron a Cesarea, para saludar personalmente al gobernador Festo. Durante su estadía, Festo contó a Agripa sobre el caso de Pablo. El rey Agripa se interesó y quiso oír al prisionero.

Toda la corte estaba encantada mientras Pablo hablaba de su tema favorito, de cómo Jesús lo había llamado. De pronto, Festo interrumpió: “¡Estás loco, Pablo!”.

“No estoy loco, excelentísimo Festo. Estoy hablando las palabras de verdad”. Luego, volviéndose al rey Agripa, Pablo preguntó: “¿Crees en los profetas? Yo sé que crees”.

Agripa estaba tan conmovido que se olvidó de dónde estaba y dijo a Pablo que no le llevaría mucho tiempo hacerlo cristiano también. Entonces se apartó de la convicción de Jesús y cortó la entrevista.

Pablo estaba desilusionado. Pero el rey había hecho su propia elección.


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