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NAUFRAGIO Y CURA DIVINA DE UNA MORDEDURA DE SERPIENTE

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Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén. 2 Timoteo 4:18.

En la mañana del decimocuarto día de la tormenta, Pablo habló palabras de ánimo y sugirió que todos desayunaran. Los hombres no habían comido por muchos días, y él sabía que necesitaban de alimento.

En esa cubierta del barco que se balanceaba, con 275 pasajeros reunidos alrededor de él, Pablo ofreció una bendición antes de partir el pan.

Ahora, habían alcanzado un punto crítico, en el cual abandonar el barco era una necesidad absoluta, Observando una ensenada a lo largo de la playa de la isla de Malta, los marineros bajaron las cuatro anclas de la popa, elevaron la vela mayor y condujeron el barco hasta que encalló donde se encontraban los dos mares.

Dándose cuenta de que podrían perder a los prisioneros que tenían a su cargo, los soldados decidieron matarlos en el lugar. Pero, el centurión, Julio, ordenó a sus hombres que guardaran sus espadas. Sabía que el Dios de Pablo estaba con él y que, si no hubiera sido por el ahora anciano predicador, todos habrían muerto tiempo atrás.

“Todos los que sepan nadar diríjanse a la playa primero”, ordenó Julio. “Y aquellos que no saben, tomen una tabla o algo con lo que flotar, y sigan".

Los isleños del lugar eran bárbaros, pero amablemente prendieron un fuego e hicieron todo lo que pudieron por ayudar a la tripulación que había naufragado. Aunque Pablo se sentía tan miserable como cualquiera de los empapados sobrevivientes, habló palabras de ánimo, y alegremente dio una mano para juntar leña para el fuego.

Pero mientras estaba arrojando ramas al fuego, Una serpiente venenosa salió de en medio del fuego y se enlazó a su mano, los isleños miraron con horror, mientras Pablo se quitaba la serpiente de encima y la tiraba al fuego.

Dada la forma en que estas personas supersticiosas consideraban las circunstancias, supusieron que este prisionero debía de ser algún tipo de homicida. Si no se había ahogado en el mar, ¡entonces la mordida de la serpiente ciertamente acabaría con él! Pero cuando Pablo no cayó muerto sino que vivió, pensaron que debía de ser un dios.

Durante los tres meses que Pablo y los demás esperaron a que llegara otro barco, Dios obró milagros poderosos por medio de él. Hasta el jefe de la isla, Publio, fue sanado de una enfermedad.

Pablo diseminó el mensaje de Jesús aunque era un prisionero.


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