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Escuchar la voz de Jesús

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«Ustedes escudriñan las Escrituras, porque les parece que en ellas tienen la vida eterna; ¡y son ellas las que dan testimonio de mí!». Juan 5: 39, RVC

EL LIBRO DE LOS LIBROS

DIOS NOS HABLA también en su Palabra. En ella tenemos, de modo más diáfano, la revelación de su carácter, de su trato con las mujeres y los hombres, y de la gran obra de la redención. En la Biblia se nos presenta la historia de los patriarcas, los profetas y otros santos hombres de la antigüedad. Ellos estaban sujetos a «debilidades como las nuestras» (Sant. 5: 17, NVI). Vemos cómo lucharon con el desaliento como nosotros, cómo sucumbieron bajo las tentaciones como nos ha sucedido a nosotros, y sin embargo cobraron nuevo ánimo y vencieron por la gracia de Dios. Su recuerdo será un estímulo en nuestra lucha por la justificación. Al leer el relato de los maravillosos acontecimientos que se les permitió vivir, la luz, el amor y la bendición que les tocó gozar y la obra que hicieron por la gracia que les fue concedida; el espíritu que los inspiró enciende en nosotros el sagrado fuego del entusiasmo, con el deseo de ser como ellos en carácter y de andar con Dios como anduvieron ellos.

El Señor Jesús dijo de las Escrituras del Antiguo Testamento, y cuánto más cierto es esto acerca del Nuevo: «Ellas son las que dan testimonio de mí» (Juan 5:39), el Redentor, Aquel en quien se concentran nuestras esperanzas de vida eterna. Sí, la Biblia entera nos habla de Cristo. Desde el primer relato de la creación, de la cual se dice: «Sin él, nada de lo creado llegó a existir» (Juan 1:3, NVI), hasta la última promesa: «¡Vengo pronto!» (Apoc. 22: 12), leemos acerca de sus obras y escuchamos su voz. Si deseas conocer al Salvador, acude a las Sagradas Escrituras.

Llena tu corazón con las palabras de Dios. Son el agua viva que apaga la sed del alma. Son el pan vivo que descendió del cielo. Jesús declara: «Si no comen la carne del Hijo del hombre ni beben su sangre, no tienen realmente vida». Y al explicarse, dice: «Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida» (Juan 6:53, 63, NVI). Nuestro cuerpo subsiste por los alimentos que ingerimos, y como en la vida física, sucede en la espiritual: lo que se elabora en nuestra mente es lo que da tono y vigor a nuestra naturaleza espiritual.

El plan de la redención es un tema que los ángeles desean escudriñar; será la ciencia y el canto de los redimidos durante las interminables edades de la eternidad. ¿No debiera ser un tema digno de atención y estudio ahora?.- El camino a Cristo, cap. 10, pp. 129-130.


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