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Seamos como el buen terreno

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«Pero las otras semillas cayeron en buen terreno, en el que se dio una cosecha que rindió treinta, sesenta y hasta cien veces más de lo que se había sembrado». Mateo 13:8, NVI

EL LIBRO DE LOS LIBROS

EL CONOCIMIENTO de la verdad depende no tanto de la capacidad intelectual como de la sinceridad de nuestros propósitos y la sencillez de nuestra fe. Los ángeles de Dios apoyan a los que con humildad de corazón buscan la dirección divina. Se les otorga el Espíritu Santo para abrirles los ricos tesoros de la verdad.

Los oyentes que son comparables a un buen terreno, habiendo oído la palabra, la guardan. Satanás con todos sus agentes del mal no puede arrebatársela.

No basta con oír o leer la Palabra; si deseamos sacar provecho de las Escrituras, hemos de meditar en la verdad que hemos hallado. Por medio de la oración y el constante estudio podemos comprender el significado de las palabras de la Biblia.

Dios manda que llenemos la mente con pensamientos nobles y puros. Desea que meditemos en su amor y misericordia, que estudiemos su obra maravillosa en el gran plan de la redención. Entonces podremos comprender la verdad cada vez con mayor claridad, nuestro deseo de un corazón puro y una mente más brillante será más elevado y más santo. El alma que mora en la atmósfera pura de los pensamientos santos, será transformada por la comunión con Dios por medio del estudio de la Escrituras.

«Y dan fruto» (Mar. 4:20). Los que habiendo recibido la palabra la guardan, darán frutos de obediencia. La Palabra de Dios, recibida en el alma, se manifestará en buenas obras. Sus resultados se verán en una vida y un carácter semejantes a los de Cristo. Jesús dijo de sí mismo: «El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón» (Sal.40: 8). «No busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me envió» (Juan 5:30). Y la Escritura dice: «El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo» (1 Juan 2: 6).

La Palabra de Dios choca a menudo con nuestros rasgos de carácter, hereditarios y cultivados, y con nuestro estilo de vida, pero el oidor que se asemeja al buen terreno, al recibir la Palabra, acepta todas sus condiciones y requisitos.- Palabras de vida del gran Maestro, cap. 2, pp. 39, 40.


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