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Dios nos llama

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«Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros». Juan 1: 14

JESÚS, EL REGALO DE DIOS

COMO REPRESENTANTES suyos entre la raza humana, Cristo no elige ángeles que nunca cayeron, sino a seres humanos, hombres y mujeres de pasiones semejantes a las de aquellos a quienes tratan de salvar. Cristo mismo se revistió de la humanidad, para poder alcanzar a la raza humana. La divinidad necesitaba de la humanidad; porque se requería tanto lo divino como lo humano para traer la salvación al mundo. La divinidad necesitaba de la humanidad para proporcionar un medio de comunicación entre Dios y el ser humano. Así sucede con los siervos y mensajeros de Cristo. El ser humano necesita un poder exterior a sí mismo para restaurarlo a la semejanza de Dios y capacitarlo para hacer la obra de Dios; pero esto disminuye la importancia del agente humano. La humanidad se apropia del poder divino, Cristo mora en el corazón por la fe; y mediante la cooperación con lo divino el poder humano se hace eficiente para el bien.

El que llamó a los pescadores de Galilea continúa llamando hombres y mujeres a su servicio. Y está tan dispuesto a manifestar su poder por medio de nosotros como por los primeros discípulos. No importa cuán imperfectos y pecaminosos seamos, el Señor nos ofrece asociarnos consigo, para que seamos aprendices de Cristo. Nos invita a ponernos bajo la instrucción divina para que unidos con Cristo podamos realizar las obras de Dios.

«Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros» (2 Cor. 4: 7). Esta es la razón por la cual la predicación del Evangelio fue confiada a personas sujetas a error más bien que a los ángeles. De esta forma se pone de manifiesto que el poder que actúa por la debilidad de la humanidad es el poder de Dios; y así se nos anima a creer que el poder que puede ayudar a otros tan débiles como nosotros puede ayudarnos a nosotros también. Y los que están sujetos a flaquezas deben poder compadecerse «de los ignorantes y extraviados» (Heb. 5: 2). Habiendo estado en peligro ellos mismos, conocen los riesgos y dificultades del camino, y por esta razón reciben el llamado a buscar a otros que están en igual peligro. Hay almas angustiadas por la duda, llenas de flaquezas, débiles en la fe e incapacitadas para comprender al Invisible; pero un amigo en quien pueden confiar, que les habla en nombre de Cristo, puede ser el medio para fortalecer su débil fe en Cristo.

Hemos de colaborar con los ángeles para presentar a Jesús al mundo.- El Deseado de todas las gentes, cap. 30, pp. 267-268.


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