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La obra del Espíritu Santo

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«Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad». Juan 16: 13

ENTREGA Y ACEPTACIÓN

CRISTO PRESENTÓ sin tapujos la obra del Espíritu Santo cuando dijo: «Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio» (Juan 16:8). Es el Espíritu Santo el que convence de pecado. Si el pecador responde a la influencia vivificadora del Espíritu, será guiado al arrepentimiento ya comprender la importancia de obedecer los requerimientos divinos.

Al pecador arrepentido, que tiene «hambre y sed de justicia» (Mat. 5:6), el Espíritu Santo le revela el «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». «Tomará de lo mío y se lo dará a conocer a ustedes», dijo Cristo. Él «les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho» (Juan 1: 29; 16:14; 14:26, NVI).

El Espíritu Santo se da como agente regenerador, para hacer efectiva la salvación obrada por la muerte de nuestro Redentor. El Espíritu Santo está tratando constantemente de llamar la atención de los seres humanos al gran sacrificio hecho en la cruz del Calvario, que mostró al mundo el amor de Dios, y abrió para el alma arrepentida las bendiciones prometidas en las Escrituras.

Después de convencer de pecado, y de presentar ante la mente la norma de justicia, el Espíritu santo quita los afectos de los temas mundanos, y llena el alma con un deseo de santidad. «Él los guiará a toda la verdad» (Juan 16:13, NVI), declaró el Salvador. Si estamos dispuestos a ser moldeados, se efectuará en nosotros la santificación de todo el ser. El Espíritu tomará las cosas de Dios y las imprimirá en nuestra alma. Mediante su poder, el camino de la vida quedará tan claro que no habrá excusa para errar.

Desde el principio Dios ha obrado por su Espíritu Santo mediante instrumentos humanos para el cumplimiento de su propósito en favor de la raza caída. [...]

El Espíritu del Todopoderoso conmueve el corazón de los seres humanos, y los que responden a su influencia llegan a ser testigos de Dios y de su verdad. Pueden verse en muchos lugares hombres y mujeres consagrados comunicando a otros la luz que les aclaró el camino de la salvación por medio de Cristo. Y mientras continúan haciendo brillar su luz, como aquellos que fueron bautizados con el Espíritu en el día de Pentecostés, reciben más y aún más del poder del Espíritu. Así la tierra será iluminada con la gloria de Dios.- Los hechos de los apóstoles, cap. 5, pp. 40-41.


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