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La gracia del Salvador

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«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios». Efesios 2: 8

ENTREGA Y ACEPTACIÓN

NECESITAMOS SER DISCÍPULOS de la escuela de Cristo. Solo su justicia puede otorgarnos las bendiciones del pacto. Durante mucho tiempo, hemos deseado y procurado obtener esas bendiciones, pero no las hemos obtenido porque hemos cultivado la idea de que podemos hacer algo para merecerlas. No hemos apartado la vista de nosotros mismos, creyendo que Jesús es un Salvador viviente. No debemos pensar que nuestros propios méritos pueden salvarnos. La gracia de Cristo es nuestra única esperanza de salvación. El Señor promete mediante su profeta: «Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar» (Isa. 55: 7). Debemos confiar en la promesa divina y no aceptar cualquier sentimiento como si fuera fe. Cuando confiemos plenamente en Dios, cuando pongamos nuestra esperanza en los méritos de Jesús como un Salvador compasivo que perdona los pecados, recibiremos toda la ayuda que podamos desear.

A veces nos miramos como si tuviéramos poder para salvarnos, pero precisamente Jesús murió porque no podemos salvarnos. Él es nuestra esperanza, nuestra justificación, nuestra justicia. No debemos desanimarnos o temer que no haya quien nos salve, o que el Salvador no tenga compasión de nosotros. En este mismo momento Cristo está intercediendo en nuestro favor, nos invita a acercarnos a él, reconocer nuestra impotencia y alcanzar la salvación. Nuestra incredulidad lo deshonra. Es asombroso cómo tratamos a nuestro mejor Amigo, cuán poca confianza depositamos en Aquel que puede salvarnos y que nos ha dado múltiples evidencias de su gran amor. [...]

En lo que respecta a esto, nadie piense que su caso está perdido, pues no es así. Quizá nos parezca que somos pecadores y estamos condenados, pero precisamente por eso necesitamos un Salvador. Si tenemos pecados que confesar, no perdamos tiempo. El tiempo es oro. «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 9). Los que tienen «hambre y sed de justicia» «serán saciados» (Mat. 5:6), pues Jesús lo ha prometido. ¡Qué maravilloso Salvador! Sus brazos están abiertos para recibirnos, y su gran corazón de amor espera para bendecirnos.

Algunos parece que creen que deben estar a prueba, y que tienen que demostrar al Señor que se han reformado, antes de poder contar con su beneplácito. Sin embargo, ahora mismo pueden pedirla a Dios. Es necesario que reciban su gracia, el Espíritu de Cristo, para que los ayude en sus flaquezas. El Señor Jesús se complace en que vayamos a él tal como somos.- Mensajes selectos, t. 1, pp. 412-414.


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