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Mirar hacia arriba, no hacia abajo

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«Por eso, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas». Hebreos 12: 12

LA VICTORIA EN CRISTO

LA IGLESIA, DOTADA de la justicia de Cristo, es su depositaria, en la cual las riquezas de su misericordia y su gracia y su amor han de presentarse de forma plena. Cristo mira a su pueblo en su pureza y perfección como la recompensa de su humillación y el suplemento de su gloria, siendo él mismo el gran centro, del cual irradia toda gloria.- El Deseado de todas las gentes, cap. 73, p. 649.

Todo el cielo está interesado en la obra que se está haciendo en este mundo, que ha de preparar a hombres y mujeres para la vida futura e inmortal. Es el plan de Dios que los agentes humanos tengan el alto honor de actuar como colaboradores de Jesucristo en la salvación de las almas. [...] Deben considerar la obra de Dios como sagrada y santa, y deben traerle cada día ofrendas de gozo y gratitud, como fruto del poder de su gracia que los capacita para progresar en la vida divina. [...]

No tenemos por qué ceder a las tentaciones de Satanás, y violar así nuestra conciencia y ofender al Espíritu Santo. En la Palabra de Dios se ha hecho la provisión necesaria para que todos tengamos la ayuda divina en nuestros esfuerzos para vencer. [...]

En la vida religiosa de toda alma que salga finalmente victoriosa, habrá escenas de terrible perplejidad y prueba; pero su conocimiento de las Escrituras la habilitará para recordar las promesas de Dios, que consolarán su corazón y fortalecerán su fe en el poder del Poderoso. Dicen ellas: «[...] para que, sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro (el cual, aunque perecedero, se prueba con fuego), sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo» (1 Ped. 1:7). La prueba de la fe es más preciosa que el oro. Hemos de aprender que esta es parte de la disciplina en la escuela de Cristo [...].

Procuremos por todos los medios mirar hacia arriba, no hacia abajo a nuestras dificultades; entonces no desmayaremos por el camino. Pronto veremos a Jesús detrás de la nube, extendiendo su mano para ayudarnos; y todo lo que tendremos que hacer será darle la mano con fe sencilla y dejarlo que nos guíe. [...] Un nombre ilustre en el mundo es como letras trazadas en la arena; pero un carácter sin mancha perdurará para toda la eternidad. Dios nos da inteligencia y una mente capaz de razonar, por la cual podemos comprender sus promesas; y Jesús está listo para ayudarnos a formar un carácter fuerte y equilibrado.- Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 541-546.


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