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Que se haga la voluntad de Dios

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«Hágase tu voluntad». Mateo 26: 42

LA LLAVE DE LOS DEPÓSITOS CELESTIALES

A QUIENES PIDEN que se ore para que les sea devuelta la salud, hay que hacerles ver que la violación de la ley de Dios, natural o espiritual, es pecado, y que para recibir la bendición de Dios deben confesar y apartarse de sus pecados. [...]

Al orar por los enfermos debemos recordar que «no sabemos orar como es debido» (Rom. 8:26, DHH). No sabemos si lo que deseamos es lo que más conviene. [...]

Por tanto hemos de encomendar nuestros deseos al Omnisapiente Padre celestial, y después, depositar en él toda nuestra confianza. Sabemos que Dios nos oye si le pedimos conforme a su voluntad. Pero insistir sin un espíritu de sumisión no está bien. Nuestras oraciones no han de tener forma de mandato, sino de intercesión.

Hay casos en los que Dios ejerce su poder divino y restaura la salud. Pero no todos los enfermos curan. A muchos se los deja dormir en Jesús. A Juan, en la isla de Patmos, se le mandó que escribiera: «Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen» (Apoc. 14:13). De esto se desprende que aunque algunos no recobren la salud no hay que considerarlos faltos de fe.

Todos deseamos respuestas inmediatas y directas a nuestras oraciones, y nos desalentamos cuando la respuesta tarda, o cuando llega en forma que no esperábamos. Pero Dios es demasiado sabio y bueno para contestar siempre nuestras oraciones en el plazo exacto y la manera precisa. Él quiere hacer por nosotros algo más y mejor que lo que deseamos. Y por el hecho de que podemos confiar en su sabiduría y amor, no debemos pedirle que ceda a nuestra voluntad, sino procurar comprender su propósito y realizarlo. Nuestros deseos e intereses deben perderse en su voluntad. Los sucesos que prueban nuestra fe son para nuestro bien, pues denotan si nuestra fe es verdadera y sincera, y si descansa en la Palabra de Dios solamente, o si, dependiendo de las circunstancias, es incierta y variable. La fe se fortalece por el ejercicio. Debemos permitir que la paciencia realice su obra, recordando que hay preciosas promesas en las Escrituras para los que esperan en el Señor.- El ministerio de curación, cap. 16, pp. 147-149.


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