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El ejemplo de Daniel al orar

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«Volví mi rostro a Dios, el Señor, buscándolo en oración y ruego, en ayuno, ropas ásperas y ceniza». Daniel 9: 3

LA LLAVE DE LOS DEPÓSITOS CELESTIALES

DANIEL NO PRESENTÓ su propia fidelidad ante el Señor. En lugar de pretender ser puro y santo, este honrado profeta se identificó humildemente con el Israel pecaminoso. La sabiduría que Dios le había impartido era tan superior a la sabiduría de los grandes del mundo, como la luz del sol que brilla en el cielo al mediodía es más brillante que la más débil estrella. Y sin embargo, es admirable la oración que sale de los labios de este hombre tan altamente favorecido del cielo. Con profunda humillación, con lágrimas y con un corazón afligido, ruega por sí mismo y por su pueblo. Derrama su alma delante de Dios, confesando su propia indignidad y reconociendo la grandeza y la majestad del Señor.

Mientras se eleva la oración de Daniel, el ángel Gabriel vuela desde los atrios del cielo, para decirle que sus peticiones han sido escuchadas y contestadas. Este ángel poderoso ha sido comisionado para darle entendimiento y comprensión: para presentarle y explicarle los misterios del futuro. Así, mientras trata fervorosamente de conocer y comprender la verdad, Daniel se pone en comunicación con el mensajero celestial.

En respuesta a su petición, Daniel no solo recibió la luz y la verdad que él y su pueblo tanto necesitaban, sino una visión de los grandes acontecimientos del futuro, hasta el advenimiento del Redentor del mundo. Los que pretenden ser santos, y sin embargo no tienen deseo de investigar las Escrituras o de luchar con Dios en oración para obtener una comprensión más clara de la verdad bíblica, no saben lo que es la verdadera santificación.

Daniel habló con Dios. El cielo se abrió delante de él. Pero los altos honores que se le concedieron fueron el resultado de la humillación y su ferviente búsqueda. Todos los que confíen plenamente en la Palabra de Dios tendrán hambre y sed del conocimiento de su voluntad. Dios es el autor de la verdad. Él ilumina el entendimiento ensombrecido, y da a la mente humana poder para captar y comprender las verdades que él ha revelado. [...]

Daniel era un siervo fiel del Altísimo. Su larga vida estuvo llena de nobles actos de servicio por su Maestro. Su pureza de carácter y su inalterable fidelidad son igualadas por su humildad de corazón y su contrición delante de Dios.- Consejos para la iglesia, cap. 6, pp. 95-97.


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