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La prueba del sábado

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«Y observen mis sábados como días consagrados a mí, como señal entre ustedes y yo, para que reconozcan que yo soy el Señor su Dios». Ezequiel 20: 20, NVI

LA LEY Y EL SÁBADO

NADIE SUFRIRÁ la ira de Dios antes de que la verdad haya sido presentada a su espíritu y a su conciencia, y que la haya rechazado. Hay muchas personas que no han tenido jamás la oportunidad de escuchar las verdades especiales para nuestros tiempos. Nadie les ha presentado el deber de observar el cuarto mandamiento. Aquel que lee en todos los corazones y conoce las intenciones no dejará que nadie que desee conocer la verdad sea engañado en cuanto al resultado final del gran conflicto. El decreto no será impuesto mientras el pueblo permanezca a ciegas. Cada cual recibirá la luz necesaria para tomar una decisión reflexiva.

El sábado será la gran prueba decisiva de lealtad, pues es el punto en controversia. Cuando esta prueba les sea aplicada finalmente a los seres humanos, entonces se trazará la línea divisoria entre los que sirven a Dios y los que no le sirven. Mientras la observancia del falso día de reposo (domingo), en sometimiento a la ley del estado y en oposición al cuarto mandamiento, será una declaración de obediencia a un poder que está en oposición a Dios, la observancia del verdadero día de reposo (sábado), en obediencia a la ley de Dios, será señal evidente de la lealtad al Creador. Mientras que una clase de personas, al aceptar la señal de la sumisión a los poderes del mundo, recibe la marca de la bestia, la otra, por haber escogido la señal de obediencia a la autoridad divina, recibirá el sello de Dios.

Hasta ahora se ha solido considerar a los predicadores de las verdades del mensaje del tercer ángel como simples alarmistas. Sus predicciones de que la intolerancia religiosa adquiriría dominio en los Estados Unidos de América, de que la iglesia y el estado se unirían en ese país para perseguir a los observadores de los mandamientos de Dios, han sido consideradas absurdas y sin fundamento. Se ha declarado osadamente que ese país no podría jamás dejar de ser lo que ha sido: el defensor de la libertad religiosa. Pero, a medida que se va agitando más ampliamente el tema de la observancia obligatoria del domingo, se ve acercarse el cumplimiento del acontecimiento hasta ahora tenido por inverosímil, y el tercer mensaje producirá un efecto que no habría podido producir antes.

En cada generación Dios envió siervos suyos para reprobar el pecado tanto en el mundo como en la iglesia. Pero los seres humanos desean que se les digan cosas agradables, y no gustan de la verdad clara y pura.- El conflicto de los siglos, cap. 39, pp. 591-592.


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