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El ataque de Satanás al sábado

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«Y pensará en cambiar los tiempos y la Ley». Daniel 7: 25

LA LEY Y EL SÁBADO

EL ESPÍRITU DE INDULGENCIA hacia el paganismo fomentó aún más el desprecio de la autoridad del cielo. Obrando por medio de dirigentes eclesiásticos inconversos, Satanás atentó también contra el cuarto mandamiento y trató de echar a un lado el sábado, el día que Dios había bendecido y santificado (Gén 2: 2-3), para colocar en su lugar el día festivo observado por los paganos como «el venerable día del sol». Este intento no se hizo al principio abiertamente. En los primeros siglos, todos los cristianos habían observado el verdadero día de reposo, el sábado. Los primeros cristianos, celosos de la honra de Dios y creyendo que su ley es inmutable, respetaban escrupulosamente la santidad de sus preceptos. Pero Satanás procedió con gran sutileza por medio de sus agentes para alcanzar el fin que se propuso. Para llamar la atención de la gente hacia el domingo, fue declarado día de fiesta en honor de la resurrección de Cristo. Se celebraban servicios religiosos en ese día; no obstante se lo consideraba como día de recreo, y seguía guardándose devotamente el sábado.

A fin de preparar el terreno para la realización de sus fines, Satanás indujo a los judíos, antes del advenimiento de Cristo, a que recargaran el sábado con las más rigurosas exacciones, de modo que su observancia fuera una pesada carga. Aprovechándose luego de la falsa luz bajo la cual lo había hecho considerar, lo hizo despreciar como institución judaica. Mientras que los cristianos seguían observando generalmente el domingo como día de fiesta alegre, el diablo los indujo a hacer del sábado un día de ayuno, de tristeza y de abatimiento [...].

Pero no paró aquí la obra del jefe engañador. Había resuelto reunir al mundo cristiano bajo su bandera y ejercer su poder por medio de su vicario, el orgulloso pontífice que aseveraba ser el representante de Cristo. Realizó su propósito valiéndose de paganos semiconvertidos, de prelados ambiciosos y de eclesiásticos amigos del mundo. Se convocaban de vez en cuando grandes concilios en los que se reunían los dignatarios de la iglesia de todas partes del mundo. Casi en cada concilio el día de reposo que Dios había instituido era degradado un poco más, en tanto que el domingo era exaltado en igual proporción. Así fue como la fiesta pagana llegó a ser honrada como institución divina, mientras que el sábado de la Biblia era declarado reliquia del judaísmo y se pronunciaba una maldición sobre sus observadores.- El conflicto de los siglos, cap. 3, pp. 50-51.


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