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La reforma del sábado

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«Bienaventurado el hombre [...] que guarda el Sábado para no profanarlo». Isaías 56: 2

LA LEY Y EL SÁBADO

LA OBRA DE REFORMA tocante al sábado como día de descanso que debía cumplirse en los últimos días, está predicha en la profecía de Isaías 56: «Así dice el Señor: “Observen el derecho y practiquen la justicia, porque mi salvación está por llegar; mi justicia va a manifestarse. Dichoso el que así actúa, y se mantiene firme en sus convicciones; el que observa el sábado sin profanarlo, y se cuida de hacer lo malo"» (vv. 1-2, NVI). [...]

Estas palabras se aplican a la dispensación cristiana, como se ve por el contexto: «Así dice el Señor omnipotente, el que reúne a los desterrados de Israel: “Reuniré a mi pueblo con otros pueblos, además de los que ya he reunido”» (vers.8, NVI). Aquí está anunciada de antemano la reunión de los gentiles por medio del evangelio. Y se promete una bendición a aquellos que honren el sábado. Así que la obligación del cuarto mandamiento se extiende más acá de la crucifixión, de la resurrección y ascensión de Cristo, hasta cuando sus siervos debían predicar a todas las naciones el mensaje del evangelio. [...]

Adán, en su inocencia en el Edén, observó el sábado, santificado por el reposo y la bendición del Creador. El mismo Adán, caído pero arrepentido, luego de que fue arrojado de su feliz morada observó también el sábado. También lo observaron todos los patriarcas, desde Abel y el justo Noé, hasta Abraham y Jacob. Cuando el pueblo escogido estaba en la esclavitud de Egipto, muchos, en medio de la idolatría imperante, perdieron el conocimiento de la ley de Dios, pero cuando el Señor libró a Israel, proclamó su ley con terrible majestad a la multitud reunida para que todos conocieran su voluntad y le temieran y obedecieran para siempre.

Desde aquel día hasta hoy, el conocimiento de la ley de Dios se ha conservado en la tierra, y se ha guardado el sábado. A pesar de que el «hombre de pecado» (2 Tes. 2: 3) logró pisotear el día santo de Dios hubo, aun en la época de su supremacía, fieles que, escondidos en lugares secretos, supieron honrarlo. Desde la Reforma, hubo en cada generación algunas almas que mantuvieron viva su observancia. Aunque fue a menudo en medio de oprobios y persecuciones, nunca se dejó de rendir testimonio constante al carácter perpetuo de la ley de Dios y a la obligación sagrada del sábado de la creación.- El conflicto de los siglos, cap. 27, pp. 445-447.


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