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Lecciones del surgimiento y la caída de las naciones

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«Él revela lo profundo y lo escondido, conoce lo que está en tinieblas y con él mora la luz». Daniel 2: 22

VIDA CRISTIANA PRÁCTICA

LOS PROFETAS A QUIENES fueron reveladas estas grandes escenas anhelaban comprender su significado. Ellos «inquirieron y diligentemente indagaron [...], escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos [...]. A estos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas [...]; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles» (1 Ped. 1: 10-12).

Para nosotros, que estamos a las puertas mismas de su cumplimiento, ¡de cuán profunda importancia, de cuán palpitante interés, son estas descripciones de los acontecimientos venideros, que los hijos de Dios han esperado, anhelado y orado desde que nuestros primeros padres salieron del Edén!

Necesitan aprender del nacimiento y la caída de las naciones, tal como lo presenta la Santa Escritura, de cuán poco valor es la gloria externa y mundanal. Babilonia, con todo aquel poder y magnificencia que el mundo no ha vuelto a contemplar, y que tan estables y duraderos parecían, despareció por completo. Pereció como la flor del campo. Así perece todo lo que no tiene a Dios como fundamento. Solo puede perdurar lo que está ligado al propósito divino y manifiesto el carácter de Dios. Sus principios son lo único firme que el mundo conoce.

Estas son las grandes verdades que tanto los más jóvenes como los mayores tenemos que aprender. Es necesario que reflexionemos sobre el cumplimiento del propósito de Dios en la historia de las naciones y en la revelación de las realidades futuras, a fin de poder estimar en su verdadero valor las cosas visibles e invisibles, aprender cuál es el verdadero ideal de la vida; dar el uso más noble y adecuado a lo que es temporal y considerarlo a la luz de la eternidad. De este modo, al aprender aquí los principios de su reino, y al llegar a ser sus súbditos y ciudadanos, estaremos preparados para tomar posesión de él cuando el Señor venga.

El día está cerca. El tiempo que queda es demasiado breve para las lecciones que es preciso que aprendamos, la obra que hay que hacer, la transformación del carácter que debe efectuarse.- La educación, cap. 19, pp. 164-165.

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