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Mente y cuerpo

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«Que tu corazón guarde mis mandamientos, porque muchos días y años de vida y de paz te aumentarán». Proverbios 3: 1-2.

VIDA CRISTIANA PRÁCTICA

LO ESENCIAL en la educación para la salud es que se enseñe a los jóvenes que las leyes de la naturaleza son leyes de Dios, tan ciertamente divinas como los preceptos del Decálogo. El Señor ha inscrito en cada nervio, músculo y fibra del cuerpo las leyes que gobiernan nuestro organismo. Toda violación de esas leyes, cometida por descuido o con premeditación, es un pecado contra nuestro Creador. [...]

Es necesario que demos la importancia que se merece a la influencia que tiene la mente sobre el cuerpo y este sobre aquella. La energía eléctrica del cerebro, aumentada por la actividad mental, revitaliza todo el organismo, y constituye una ayuda inapreciable para resistir la enfermedad. Esto tiene que ser bien explicado. También es necesario hablar respecto al poder de la voluntad y la importancia del dominio propio, tanto en la conservación de la salud como en su recuperación, como asimismo el efecto depresivo y hasta letal de la ira, el descontento, el egoísmo y los pensamientos impuros, y, por otra parte, el maravilloso poder revitalizador de la alegría, la generosidad y la gratitud.

Hemos de tener muy en cuenta las verdades acerca del funcionamiento de nuestro organismo que nos presenta la Biblia: «No hay mejor medicina que tener pensamientos alegres» (Prov. 17:22, TLA). [...]

Los jóvenes necesitan comprender la profunda y esencial verdad de la declaración bíblica según la cual en Dios «está la fuente de la vida» (Sal. 36:9, NVI). No solo es el Creador de todo, también es quien da vida a todo ser viviente. Es su vida la que recibimos en la luz del sol, en el aire puro y suave, en el alimento que da energía a nuestros cuerpos y mantiene nuestra vitalidad. Por su vida seguimos existiendo hora tras hora, momento tras momento. A menos que hayan sido pervertidos, todos los dones que Dios nos ha otorgado producen vida, salud y gozo.

«Dios hizo todo hermoso en su momento» (Ecl. 3: 11, NVI), y se obtendrá la verdadera belleza no echando a perder su obra, sino poniéndola en armonía con las leyes de Aquel que creó todo cuanto existe y que se complace en su hermosura y perfección.

Cuando se estudia el funcionamiento del cuerpo, se debe prestar atención a su maravillosa adaptación de los medios al fin, a la armoniosa acción e interdependencia de los diferentes órganos. Una vez que se ha despertado el interés del estudiante y se le ha hecho ver la importancia del conocimiento de las leyes de la salud, el maestro puede hacer mucho para obtener el debido desarrollo y formar hábitos correctos.- La educación, cap. 21, pp. 178-180.

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