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No lo toques, no lo pruebes

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«Teme al Señor y huye del mal. Esto infundirá salud a tu cuerpo y fortalecerá tu ser». Proverbios 3: 7-8, NVI

VIDA CRISTIANA PERFECTA

ES RESPONSABILIDAD de las madres ayudara sus hijos a adquirir hábitos correctos y gustos puros. Eduquen el apetito; enseñen a sus hijos a rechazar los estimulantes. Críen a sus hijos de modo que tengan fortaleza moral para resistir al mal que los rodea. Enséñenles a no dejarse desviar por nadie, a no ceder a ninguna influencia por fuerte que sea, sino a ejercer ellos mismos influencia sobre los demás para el bien.

Se hacen grandes esfuerzos para acabar con la intemperancia; pero muchos de ellos no están bien dirigidos. Los reformadores de la temperancia deberían estar apercibidos contra los pésimos resultados del consumo de alimentos malsanos, de condimentos, del té y del café. Deseamos buen éxito a todos los que trabajan en la causa de la temperancia; pero los invitamos a que observen más profundamente la causa del mal que combaten, ya que sean ellos mismos consecuentes en la reforma.

Hay que recordar a la gente que el equilibrio de sus facultades mentales y morales depende en gran medida de las buenas condiciones de su cuerpo. Todos los narcóticos y estimulantes artificiales que debilitan y degradan la naturaleza física tienden también a deprimir la inteligencia y la moralidad. La intemperancia es la raíz de la depravación moral del mundo. Al satisfacer sus apetitos pervertidos, el ser humano pierde la capacidad de resistir a la tentación.

Los que trabajan en favor de la temperancia tienen que educar a la gente en este sentido. Enséñenle que la salud, el carácter e incluso la vida, corren peligro por el uso de estimulantes que excitan las energías exhaustas para que actúen en forma antinatural y espasmódica.

En cuanto al té, al café, al tabaco y a las bebidas alcohólicas, la única conducta exenta de peligro consiste en no tocarlos, ni probarlos, ni tener nada que ver con ellos. El efecto del té, del café y de las bebidas semejantes es comparable al del alcohol y del tabaco, y en algunos casos el hábito de consumirlos es tan difícil de vencer como lo es para el borracho renunciara las bebidas alcohólicas. Los que intenten romper con estos estimulantes los echarán de menos por algún tiempo, y sufrirán por falta de ellos; pero si perseveran, llegarán a vencer su ardiente deseo, y dejarán de echarlos de menos. La naturaleza necesita algún tiempo para reponerse del abuso a que se la ha sometido; pero désele una oportunidad, y volverá a rehacerse y a desempeñar su tarea noblemente y con toda perfección.- El ministerio de curación, cap. 26, pp. 229-230.

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