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Escogidos de Dios

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«Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella». Efesios 5: 25, NVI

UNA IGLESIA UNIDA

DIOS TIENE una iglesia en la tierra, que es su pueblo escogido, que guarda sus mandamientos. Él está conduciendo, no ramas extraviadas, no uno aquí y otro allí, sino un pueblo. La verdad es un poder santificador; pero la iglesia militante no es la iglesia triunfante. Hay cizaña entre el trigo, «¿Quieres, pues que [...] la arranquemos?», fue la pregunta del siervo; pero el señor contestó: «No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo» (Mateo 13:28,29). La red del evangelio no pesca solo peces buenos, sino también malos, y solamente el Señor conoce a los suyos.

Es nuestro deber andar humildemente ante el Señor. No hemos de buscar cualquier mensaje nuevo y extraño. No hemos de pensar que los escogidos de Dios, que están tratando de andar en la luz, constituyen Babilonia.

Aunque existen males en la iglesia y los habrá hasta el fin del mundo, la iglesia ha de ser en estos postreros días luz para un mundo que está contaminado y corrompido por el pecado. La iglesia, debilitada y deficiente, que necesita ser reprendida, amonestada y aconsejada, es el único objeto de esta tierra al cual Cristo concede su consideración suprema. El mundo es un taller en el cual, por la cooperación de los agentes humanos y divinos, Jesús está haciendo experimentos por su gracia y misericordia divina en los corazones humanos.

Dios tiene un pueblo distinto, una iglesia en la tierra, que no es inferior a otro alguno, sino superior a todos en su capacidad de enseñar la verdad y vindicar la ley de Dios. El Señor tiene agentes designados divinamente, hombres y mujeres a quienes está guiando, que han soportado el calor y la carga del día, que están cooperando con los instrumentos celestiales en hacer progresar el reino de Dios en nuestro mundo. Únanse todos con estos agentes escogidos, y sean hallados al fin entre aquellos que tienen la paciencia de los santos, que guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús.

La iglesia de Dios en la tierra es una con la iglesia de Dios en el cielo. Los creyentes de la tierra y los seres del cielo que nunca han caído constituyen una sola iglesia.- Consejos para la iglesia, cap. 43, pp. 432-433.


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