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Hogares donde permanecen los ángeles

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«No se olviden de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles», Hebreos 13: 2, NVI

LA FAMILIA DE DIOS

PODEMOS TENER la salvación de Dios en nuestra familia; pero debemos creer en ella, vivir para ella y tener una continua y permanente fe y confianza en Dios. Las restricciones que la Palabra de Dios nos impone son para nuestro propio bien. Aumentan la felicidad de nuestra familia y de todos los que nos rodean. Refinan nuestro gusto, santifican nuestro juicio y proporcionan paz a la mente y finalmente la vida eterna. Los ángeles ministradores permanecerán en nuestras moradas y con gozo llevarán al cielo las nuevas de nuestro progreso en la vida cristiana y el ángel efectuará un registro alegre y feliz.

El Espíritu de Cristo será una influencia permanente en la vida del hogar. Si abrimos nuestros corazones a la influencia celestial de la verdad y el amor, estos principios fluirán como manantiales en el desierto, refrigerando todo y haciendo que la frescura aparezca donde hay ahora esterilidad y escasez.

La negligencia religiosa en el hogar, el descuidar la educación de los hijos, es algo que desagrada mucho a Dios. Si uno de nuestros hijos estuviera en el río, luchando con la corriente y en inminente peligro de ahogarse, ¡qué conmoción se produciría! ¡Qué esfuerzos se harían, qué oraciones se elevarían, qué entusiasmo se manifestaría para salvar esa vida humana! Pero aquí están nuestros hijos sin Cristo, y sus almas no están salvas. Tal vez son hasta groseros y descorteses, un oprobio para el nombre adventista. Perecen sin esperanza y sin Dios en el mundo, y nosotros siendo negligentes y despreocupados. [...]

Padres y madres, cada mañana y cada noche, junten a sus hijos a su alrededor, y eleven sus corazones a Dios. Sus amados están expuestos a la tentación. Hay dificultades cotidianas sembradas en el camino de los jóvenes y de los mayores. Los que quieran vivir con paciencia, amor y gozo deben orar. Será únicamente obteniendo la ayuda constante de Dios como podremos obtener la victoria sobre nosotros mismos. [...]

Mediante oraciones sinceras y fervientes, los padres deberían alzar una valla alrededor de sus hijos. Deberían orar con fe para que Dios habite en ellos y que los santos ángeles los preserven, a ellos y a sus hijos, de los crueles engaños de Satanás.- Consejos para la iglesia, cap. 26, pp. 269-271.


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