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El verdadero amor es un principio sagrado

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«Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen». Mateo 5: 44, NVI

LA FAMILIA DE DIOS

EL AMOR es un valioso don que recibimos de Jesús. El afecto puro y santo no es un sentimiento, sino un principio. Los que son motivados por el amor verdadero no carecen de juicio ni son ciegos.

Hay muy poco amor verdadero, consagrado y puro. Se trata de algo muy escaso. Muchos confunden la pasión con el amor.

El amor verdadero es un principio santo y elevado, totalmente diferente en su carácter del amor producto del impulso, que muere de repente cuando es severamente probado.

El amor es una planta de crecimiento celestial, y se debe cultivar y alimentar. Los corazones afectuosos y las palabras veraces y bondadosas harán felices a las familias y ejercerán una influencia elevadora sobre todos los que entran en contacto con la esfera de su influencia. [...]

Mientras que el amor puro considera a Dios en todos sus planes y se mantendrá en perfecta armonía con el Espíritu de Dios, la pasión se manifestará temeraria e irracional, desafiará todo freno y hará un ídolo del objeto de su elección. En todo el comportamiento de quien posee verdadero amor se revelará la gracia de Dios. La modestia, la sencillez, la sinceridad, la moralidad y la religión caracterizarán cada paso que dé hacia una unión matrimonial. Los que se comportan así no se verán absorbidos por su compañía mutua, a costa de su interés en la reunión de oración y el servicio religioso. Su fervor por la verdad no morirá porque descuiden las oportunidades y los privilegios que Dios les ha concedido misericordiosamente.

El amor que no tiene mejor fundamento que la simple satisfacción sensual será obstinado, ciego e ingobernable. El honor, la verdad y toda facultad noble y elevada del espíritu caen bajo la esclavitud de las pasiones. Con demasiada frecuencia el ser humano, atado por las cadenas de esa infatuación, resulta sordo a la voz de la razón y de la conciencia; ni los argumentos ni las súplicas le inducirán a ver la insensatez de su conducta.

El amor verdadero no es una pasión impetuosa, arrolladora y ardiente. Por el contrario, es sereno y profundo. Mira más allá de lo externo y se fija solamente en las cualidades. Es prudente y capaz de discernir y su devoción es real y permanente.- El hogar cristiano, cap. 7, pp. 47-48.


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