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Ante el Anciano de días

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«Miraba yo en la visión de la noche, y vi que con las nubes del ciclo venía uno como un Hijo de hombre; vino hasta el Anciano de días, y lo hicieron acercarse delante de él». Daniel 7: 13

JESÚS, NUESTRO SUMO SACERDOTE

ASÍ SE PRESENTÓ a la visión del profeta el día grande y solemne en que los caracteres y vidas de los hombres habrán de ser revistados ante el Juez de toda la tierra, y en que a todos los hombres se les dará «conforme a sus obras». El Anciano de días es Dios, el Padre, [...] Es él, Autor de todo ser y de toda ley, quien debe presidir en el juicio. Y «millares de millares [...] y millones de millones» de santos ángeles, como ministros y testigos, están presentes en este gran tribunal. [...]

Él [Cristo] viene hacia el Anciano de días en el cielo para recibir el dominio y la gloria, y un reino, que le será dado al final de su obra mediadora. Es esta venida, y no su segundo advenimiento a la tierra, la que la profecía predijo que había de realizarse al fin de los 2,300 días, en 1844. Acompañado por ángeles celestiales, nuestro gran Sumo Sacerdote entra en el Lugar Santísimo, y allí, en la presencia de Dios, da principio a los últimos actos de su ministerio en beneficio del hombre, a saber, cumplir la obra del juicio y hacer expiación por todos aquellos que resulten tener derecho a ella.- El conflicto de los siglos, cap. 29, pp. 471-472.

Así que los que andaban en la luz de la palabra profética vieron que en lugar de venir a la tierra al final de los 2,300 días, en 1844, Cristo entró entonces en el Lugar Santísimo del santuario celestial para cumplir la obra final de la expiación preparatoria para su venida.

Se vio además que, mientras que el holocausto señalaba a Cristo como sacrificio, y el Sumo sacerdote representaba a Cristo como mediador, el macho cabrío simbolizaba a Satanás, autor del pecado, sobre quien serán colocados finalmente los pecados de los verdaderamente arrepentidos. Cuando el sumo sacerdote, en virtud de la sangre del holocausto, quitaba los pecados del santuario, los ponía sobre la cabeza del macho cabrío para Azazel. Cuando Cristo, en virtud de su propia sangre, quite del santuario celestial los pecados de su pueblo al fin de su ministerio, los pondrá sobre Satanás, el cual en la consumación del juicio debe cargar con la pena final. El macho cabrío era enviado lejos a un lugar desierto, para no volver jamás a la congregación de Israel. Así también Satanás será desterrado para siempre de la presencia de Dios y de su pueblo, y será aniquilado en la destrucción final del pecado y de los pecadores.- Ibíd., cap. 24, pp. 416-417.


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