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Jesús se complace en sus hijos

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«El Señor [...] se complace en los que viven con rectitud». Proverbios 11: 20, NVI

JESÚS, NUESTRO SUMO SACERDOTE

AQUEL QUE VIVE en el santuario celestial juzga con justicia. Se complace más en sus hijos que luchan contra la tentación en un mundo de pecado que en las huestes de ángeles que rodean su trono.

Todo el universo celestial manifiesta el mayor interés en esta motita que es nuestro mundo; pues Cristo ha pagado un precio infinito por las almas de sus habitantes. El Redentor del mundo ha ligado la tierra con el cielo mediante lazos de inteligencia, pues aquí se hallan los redimidos del Señor. Los seres celestiales todavía visitan la tierra como en los días en que andaban y hablaban con Abraham y con Moisés. En medio de las actividades y el trajín de nuestras grandes ciudades, en medio de las multitudes que atestan la vía pública y los centros comerciales, donde desde la mañana hasta la noche la gente actúa como si los negocios, los deportes y los placeres constituyeran todo lo que hay en la vida, en esos lugares en que hay tan pocos que contemplan las realidades invisibles, aun allí el cielo tiene todavía vigilantes y santos.

Hay agentes invisibles que observan cada acto y escuchan cada palabra de los seres humanos. En toda reunión, no importa si se realiza con fines de negocios o placeres, en todo culto, hay más oyentes de los que pueden verse con los ojos mortales. A veces los seres celestiales descorren el velo que esconde el mundo invisible, a fin de que nuestros pensamientos se vuelvan de la prisa y la tensión de la vida, a considerar que hay testigos invisibles de todo lo que hacemos o decimos.

Necesitamos entender mejor la misión de los ángeles. Sería bueno considerar que en todo nuestro trabajo tenemos la cooperación y el cuidado de los seres celestiales. Ejércitos invisibles de luz y poder atienden a los humildes y mansos que creen en las promesas de Dios y las reclaman. Querubines, serafines y ángeles, poderosos en fortaleza -millares de millares y millones de millones-, se hallan a sus diestra, todos «espíritus dedicados al servicio divino, enviados para ayudar a los que han de heredar la salvación» (Heb. 1: 14, NVI).

Estos mensajeros angelicales llevan un fiel registro de las palabras y los hechos de los hijos de los hombres. Cada acto de crueldad o injusticia ejecutado contra los hijos de Dios, todo lo que ellos tienen que sufrir por causa del poder de los obradores de maldad, se registra en los cielos.- Palabras de vida del gran Maestro, cap. 14, pp. I39-140.


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