Regresar

Jesús no se olvida de su iglesia

Matutina para Android

Play/Pause Stop
«Por lo tanto, hermanos, ustedes que han sido santificados y que tienen parte en el mismo llamamiento celestial, consideren a Jesús, apóstol y sumo sacerdote de la fe que profesamos», Hebreos 3: 1, NVI

JESÚS, NUESTRO SUMO SACERDOTE

NUESTRO SEÑOR crucificado está intercediendo por nosotros en la presencia del Padre delante del trono de la gracia. Podemos recurrir a su sacrificio expiatorio para nuestro perdón, nuestra justificación y nuestra santificación. El Cordero sacrificado es nuestra única esperanza. Nuestra fe eleva la mirada hacia él, se aferra de él como de Aquel que puede salvar hasta lo sumo, y el Padre acepta la fragancia de una ofrenda ampliamente suficiente. A Cristo ha sido dado todo poder «en el cielo y en la tierra» (Mat. 28:18), y para el que cree todas las cosas son posibles. La gloria de Cristo está implicada en nuestro éxito. Él tiene un interés común en toda la humanidad. Es nuestro Salvador que tiene compasión de nosotros. [...]

Recordemos que nuestro gran Sumo Sacerdote está intercediendo ante el propiciatorio en favor de su pueblo rescatado. Vive siempre para interceder por nosotros. «Si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, el justo» (1 Juan 2: 1).

La sangre de Jesús está rogando con poder y eficacia por los que están apostatando, por los que son rebeldes, por los que pecan contra la gran luz y el amor. Satanás está a nuestra diestra para acusarnos, y nuestro Abogado está a la diestra de Dios para rogar por nosotros. Él nunca ha perdido un caso que le haya sido entregado. Podemos confiar en nuestro Abogado porque presenta sus propios méritos en favor de nosotros. Oigamos su oración antes de que fuera traicionado y juzgado. Escuchemos su oración por nosotros, pues nos mantenía en su recuerdo [ver Juan 17].

El no olvidará a su iglesia en el mundo de tentaciones. Contempla a su pueblo probado y doliente, y ora por él. [...] Sí, contempla a su pueblo en este mundo, que es un mundo perseguidor y todo marchito y echado a perder con la maldición, y sabe que los suyos necesitan de todos los recursos divinos de su compasión y su amor. Nuestro Precursor ha entrado por nosotros dentro del velo y, sin embargo, mediante la áurea cadena del amor y la verdad está unido con su pueblo en la simpatía más estrecha.

Está intercediendo por los más humildes, los más oprimidos y sufrientes, por los más probados y tentados. Con manos levantadas suplica: «En las palmas de las manos te tengo esculpida» (Isa. 49:16). Dios se complace en escuchar las súplicas de su Hijo y responde a ellas.- Comentario bíblico adventista, t. 7, pp.959-960.


Envía tus saludos a:
adultos@appdevocionmatutina.com