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Dios vindicado

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«Padre, la hora ha llegado: glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti». Juan 17: 1

EL GRAN CONFLICTO

EL PLAN DE REDENCIÓN tiene un objetivo más amplio y profundo que el de salvar a la humanidad. Cristo no vino a la tierra únicamente por este motivo; no vino meramente para que los habitantes de este pequeño mundo acataran la ley de Dios como debe ser acatada; sino para vindicar el carácter de Dios ante el universo. A este resultado de su gran sacrificio, a su influencia sobre los seres de otros mundos, así como sobre el ser humano, se refirió el Salvador cuando poco antes de su crucifixión dijo: «Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, cuando sea levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo» (Juan 12: 31-32). La muerte vicaria de Cristo no solo haría accesible el cielo para la humanidad, sino que justificaría a Dios y a su Hijo en su trato con la rebelión de Satanás ante todo el universo. Demostraría la perpetuidad de la ley de Dios, y revelaría la naturaleza y las consecuencias del pecado.

Desde el principio, el gran conflicto giró en torno a la ley de Dios. Satanás había procurado probar que Dios era injusto, que su ley era defectuosa, y que el bien del universo requería que fuera cambiada. Al atacar la ley, procuró derribar la autoridad de su Autor. En el curso del conflicto habría de demostrarse si los estatutos divinos eran defectuosos y sujetos a cambio, o perfectos e inmutables.

Cuando Satanás fue expulsado del cielo, decidió hacer de la tierra su reino. Cuando sedujo y venció a Adán y a Eva, pensó que había conquistado la posesión de este mundo; «porque me han escogido como su soberano», dijo él. Allegaba que era imposible que se otorgara perdón al pecador, y que por ello los miembros de la raza humana caída eran legítimamente sus súbditos y el mundo era suyo. Pero Dios dio a su amado Hijo, que era igual a él, para que sufriera la pena de la transgresión, proveyendo así un camino mediante el cual ellos pudieran recuperar su favor y su hogar edénico. Cristo emprendió la tarea de redimir al ser humano y de rescatar al mundo de las garras de Satanás. El gran conflicto que comenzó en el cielo iba a ser decidido en el mismo mundo, en el terreno que Satanás reclamaba como suyo.- Patriarcas y profetas, cap. 4, p. 49.


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