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Satanás es un destructor

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«¡Pero ay de los que viven en la tierra y en el mar, porque el diablo, sabiendo que le queda poco tiempo, ha bajado contra ustedes lleno de furor!». Apocalipsis 12: 12, DHH

EL GRAN CONFLICTO

SATANÁS SE DELEITA en la guerra, que despierta las más viles pasiones del alma, y arroja luego a sus víctimas, sumidas en el vicio y la sangre, a la muerte eterna. Su objeto consiste en hostigar a las naciones a declararse mutuamente la guerra; pues de este modo puede distraer los espíritus de los seres humanos de la obra de preparación necesaria para subsistir en el día del Señor.

Satanás actúa igualmente por medio de los elementos para cosechar muchedumbres de almas aún no preparadas. Conoce los secretos de los laboratorios de la naturaleza y emplea todo su poder para dirigir los elementos en cuanto Dios se lo permita. Cuando se le dejó que afligiera a Job, ¡cuán velozmente fueron destruidos rebaños, ganado, sirvientes, casas e hijos, en una serie de desgracias, obra de un momento! Es Dios quien protege a sus criaturas y las guarda del poder del destructor. Pero el mundo cristiano ha manifestado su menosprecio de la ley de Jehová, y el Señor hará exactamente lo que declaró que haría: alejará sus bendiciones de la tierra y retirará su cuidado protector de sobre los que se rebelan contra su ley y que enseñan y obligan a los demás a hacer lo mismo. Satanás ejerce dominio sobre todos aquellos a quienes Dios no guarda en forma especial. Favorecerá y hará prosperar a algunos para obtener sus fines, y atraerá desgracias sobre otros, al mismo tiempo que hará creer a los seres humanos que es Dios quien los aflige.

Mientras se hace pasar ante los hijos de los hombres como un gran médico que puede curar todas sus enfermedades, Satanás producirá enfermedades y desastres al punto que enormes ciudades sean reducidas a ruinas y desolación. Ahora mismo está obrando. Ejerce su poder en todos los lugares y bajo mil formas: en las desgracias y calamidades de mar y tierra, en las grandes conflagraciones, en los tremendos huracanes y en las terribles tempestades de granizo, en las inundaciones, en los ciclones, en los tsunamis y en los terremotos. Destruye las plantaciones casi maduras y a ello siguen la hambruna y la angustia; propaga por el aire enfermedades mortales y miles de seres perecen en la pestilencia. Estas plagas irán aumentando más y más y se harán más y más desastrosas. La destrucción caerá sobre personas y animales. «La tierra se seca y se marchita, el mundo entero se reseca, se marchita, y el cielo y la tierra se llenan de tristeza. La tierra ha sido profanada por sus habitantes, porque han dejado de cumplir las leyes, han desobedecido los mandatos, han violado la alianza eterna» (Isa. 24: 4-5, DHIH).- El conflicto de los siglos, cap. 37, pp. 575-576.


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