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La ayuda del Espíritu Santo

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«Juan bautizó con agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo». Hechos 1: 5, NVI

EL GRAN CONFLICTO

EL SACRIFICIO DE CRISTO en favor del ser humano fue pleno y completo. La condición de la expiación se había cumplido. La obra para la cual él vino a este mundo se había efectuado. Él ganó el reino. Se lo arrebató a Satanás, y llegó a ser heredero de todas las cosas. [...]

Precisamente antes de dejar a sus discípulos, Cristo explicó claramente una vez más la naturaleza de su reino. Les recordó las palabras que les había dicho anteriormente respecto a ese reino. Declaró que no era su propósito establecer en este mundo un reino temporal. No estaba destinado a reinar como monarca terrenal en el trono de David. Cuando los discípulos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el reino a Israel?», él respondió: «No les toca a ustedes conocer la hora ni el momento determinados por la autoridad misma del Padre» (Hech. 1:6-7, NVI) No era necesario para ellos penetrar más en el futuro de lo que las revelaciones que él había hecho los capacitaban para hacerlo. Su trabajo era proclamar el mensaje evangélico.

La presencia visible de Cristo estaba por dejar a los discípulos, pero iban a recibir una nueva dotación de poder. Iba a serles dado el Espíritu Santo en su plenitud, el cual los sellaría para su obra. «Ahora Voy a enviarles lo que ha prometido mi Padre; pero ustedes quédense en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto» (Luc. 24: 49, NVI). [...] «Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hech. 1:8).

El Salvador sabía que ningún argumento, por lógico que fuera, podría ablandar los duros corazones, o traspasar la costra de la mundanalidad y el egoísmo. Sabía que los discípulos habrían de recibir la dotación celestial; que el evangelio sería eficaz solo en la medida en que fuera proclamado por corazones encendidos y labios hechos elocuentes por el conocimiento vivo de Aquel que es el camino, la verdad y la vida. La obra encomendada a los discípulos requeriría gran eficiencia; porque la corriente del mal que fluía contra ellos era profunda y fuerte. Estaba al frente de las fuerzas de las tinieblas un caudillo vigilante y resuelto, y los seguidores de Cristo podrían batallar por el bien solo mediante la ayuda que Dios, por su Espíritu, les diera.- Los hechos de los apóstoles, cap. 3, pp. 24-25.


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