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Dios contesta las oraciones

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«¿Hasta cuándo Señor, santo y verdadero, vas a tardar en juzgar y vengar nuestra sangre de los que habitan sobre la tierra?». Apocalipsis 6: 10

EL GRAN CONFLICTO

EL DÍA DEL SEÑOR está a las puertas. El mundo ha permeado la iglesia. Ambos han hecho una alianza, y actúan bajo una visión a corto plazo. El protestantismo influirá sobre los gobernantes del mundo para que estos redacten leyes que impulsen nuevamente el ascenso del hombre de pecado, aquel que se sienta en el templo de Dios y se muestra a sí mismo como Dios [ver 2 Tesalonicenses 2]. Los principios del catolicismo romano recibirán la máxima protección y consideración del Estado. Esta apostasía será rápidamente seguida de la ruina nacional. Los que no hayan hecho de la ley de Dios su norma de conducta no tolerarán las protestas basadas en la verdad bíblica. Entonces, se escuchará desde los sepulcros la voz de los mártires, representada por aquellos que Juan contempló muriendo por la Palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo; mientras que asciende al cielo la plegaria de los hijos de Dios: «Es hora de que intervengas, Señor, porque tu ley ha sido invalidada». [...]

De vez en cuando el Señor da a conocer la forma en que actúa. Él está al tanto de todo lo que ocurre en la tierra y, en momentos de crisis, se revela a sí mismo interponiéndose en el camino de Satanás para truncar sus planes. En muchas oportunidades ha permitido que los asuntos de las naciones, las familias y los individuos lleguen al punto de crisis para que no quede duda de su intervención. De esta manera, ha dejado claro que hay un Dios en Israel que ha sostenido y defendido a su pueblo. Cuando la ley de Jehová sea desafiada en casi todo el mundo, cuando el pueblo de Dios sea afligido por sus semejantes, Dios intervendrá. Las fervientes oraciones de su pueblo serán contestadas, pues él se complace cuando su pueblo lo busca de todo corazón y depende de él para su liberación. Ellos lo buscarán para que realice estos prodigios con su pueblo, y él se levantará como su protector y vengador. La promesa es: «¿Acaso no creen que Dios hará justicia a su pueblo escogido que clama a él día y noche? [...] Les digo, ¡que pronto les hará justicia!» (Luc. 18:7-8, NTV). [...]

Sus oraciones ascenderán al cielo clamando por la intervención de Dios, de manera que ponga fin a la violencia y el abuso presentes sobre la tierra. Lo que Dios desea es más oración y menos parloteo, a fin de que su pueblo se convierta en una poderosa fortaleza.— Review and Herald, 15 de junio de 1897.


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