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Cristo pudo haber venido antes de esto

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«Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?». Hechos 1: 6

DE VUELTA AL HOGAR

SI TODOS los que trabajaron unidos en la obra de 1844 hubieran recibido el mensaje del tercer ángel, y lo hubieran proclamado en el poder del Espíritu Santo, el Señor habría actuado poderosamente por sus esfuerzos. Raudales de luz habrían sido derramados sobre el mundo. Desde hace años los habitantes de la tierra habrían sido advertidos, la obra final se habría consumado, y Cristo habría venido para redimir a su pueblo.

No era la voluntad de Dios que Israel peregrinara durante cuarenta años en el desierto. Lo que él quería era conducirlos a la tierra de Canaán y establecerlos allí como un pueblo santo y feliz. Pero «no pudieron entrar a causa de su incredulidad» (Heb. 3: 19). Perecieron en el desierto debido a su apostasía, y otros fueron levantados para entrar en la tierra prometida. Asimismo, no era la voluntad de Dios que la venida de Cristo se dilatara tanto, y que su pueblo permaneciera durante tantos años en este mundo de pecado e infortunio. Pero la incredulidad lo separó de Dios. Mientras unos Se negaron a hacer la obra que les había señalado, otros fueron llamados para proclamar el mensaje. Por misericordia hacia el mundo, Jesús difiere su venida para que los pecadores tengan oportunidad de oír el aviso y encontrar amparo en él antes que se desate la ira de Dios.

Tanto hoy como en el pasado, la predicación de una verdad que desaprueba los pecados y los errores del momento, despertará oposición. «Pues todo aquel que hace lo malo detesta la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean puestas al descubierto» (Juan 3:20). Cuando los seres humanos ven que no pueden sostener su actitud por las Sagradas Escrituras, muchos resuelven mantenerla a como dé lugar, y con un espíritu perverso atacan el carácter y los motivos de los que defienden las verdades que no son populares. Es la misma política que se siguió en todas las edades. Elías fue acusado de perturbar a Israel, Jeremías de traidor, y Pablo de profanador del templo. Desde entonces hasta ahora, los que quisieron ser leales a la verdad han sido denunciados como alborotadores, herejes o divisores. [...] ¿Ha dado Dios luz a sus siervos en esta generación? En tal caso deben dejarla brillar para el mundo.- El conflicto de los siglos, cap. 27, pp. 451-452.


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