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Cristianos a la deriva

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"Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar" (Hechos 27:15).

"Era el viernes 13 de enero de 2012. El reloj marcaba las 21:45. Era una noche especial; todos la habían estado esperando. Los pasajeros lucían el mejor traje de gala, para dirigirse a la gran cena show de la travesía. Luego de recibir el sábado, mis padres y yo nos disponíamos a dormir, convencidos de que no asistiríamos a tal fiesta porque ya estábamos dentro de las horas sagradas. En ese momento, ocurrió una tragedia, que luego fue conocida en el mundo entero".

Así se expresa Diana Miled Paredes, joven adventista de 21 años, de la Rep. del Perú, sobreviviente del naufragio del crucero Costa Concordia, ocurrido frente a la isla del Giglio, en el mar Tirreno, en las costas de Italia. La catástrofe dejó alrededor de treinta muertos.

"Sí, yo sobrevivía Crucero Costa Concordia. Cuando sentimos el primer movimiento fuerte del barco, cada uno de nosotros guardó las pertenencias de más valor (entre ellas, una Biblia), y los tres juntos salimos de la habitación donde nos encontrábamos. Mientras esperábamos el momento de la evacuación, fuimos como empujados por la gente y caímos al mar Mediterráneo. El agua estaba realmente fría. Allí, nadamos con todas nuestras fuerzas para salvar nuestras vidas", añadió.

Como Diana, San Pablo naufragó en el Mediterráneo. En Hechos 27, Lucas relata esta singular historia. Desoyendo los consejos de Pablo, el capitán y el dueño de la nave decidieron continuar el viaje pese a la tormenta. El versículo 13 dice que sopló una brisa benigna y, entonces, levantaron el ancla. Luego, un fuerte viento huracanado azotó el navío y fue imposible enderezarlo. Quedaron "a la deriva" combatidos por una "furiosa tempestad" (vers. 17, 18).

Nuestra vida puede ser como ese barco. Podemos pensar que los consejos de la Biblia son anticuados y no aplicables ahora. Los momentáneos atisbos de felicidad parecen indicarnos que todo estará bien. Y levantamos el ancla. Nos abandonamos. Descuidamos el estudio de la Biblia y la oración, Pero, el enemigo no descansa. Oteamos el horizonte y vislumbramos tormentosas preocupaciones.

Como el barco de Hechos, no podemos enderezar nuestra vida. Nos dejamos llevar y quedamos a la deriva. Así, nunca llegaremos a buen puerto.

Hoy puede ser un día histórico. Ciméntate en Jesús. No te dejes llevar por las modernas olas del secularismo ni los populares vientos de cambios.

“No es cosa fácil obtener el inestimable tesoro de la vida eterna. Nadie puede hacer esto e ir a la deriva con la corriente del mundo [...]. El que quiere vencer tiene que afirmarse en Cristo" (Elena de White, La educación cristiana, p. 122). PA


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