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Juan y Jacobo, los terribles

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"Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Entonces volviéndose él, los reprendió diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois" (Lucas 9: 54, 55).

Él fue el primero de los grandes príncipes rusos en hacerse llamar oficialmente "zar de todas las Rusias". Así, Iván el Terrible se proclamó zar el 16 de enero de 1547.

Con el objetivo de exaltar el nacionalismo ruso, fortaleció su poder interior, creando su propio cuerpo armado de defensa y robusteciendo el ejército. Luego, expandió su poder exterior con las conquistas de Kazán, Astrakán y el valle del Volga. También dispuso expandir Rusia hasta Siberia y procuró que el país contara con una salida al mar Báltico. Sus ansias de poder y expansión no conocían límites.

Tampoco Juan y Jacobo los conocían. Siempre invasivos y manipuladores, buscaban por todos los medios acomodarse en el supuesto y próximo reinado de Jesús. No obstante, creo que el hecho de los versículos de hoy supera todo lo imaginable. Estamos hablando de personas religiosas (seguidores de Jesús) que, con motivaciones buenas (predicar el evangelio), querían realizar un acto religioso (orar) para ¡que Dios enviara fuego del cielo y Consumiera a quienes no querían recibir a Jesús!

Dios es un Dios de libertad, y nosotros debemos ser cuidadosos para no tener una irracional pasión religiosa que desborde el amor de nuestro Padre celestial.

Con el tiempo, Dios moldeó a estos hombres. Juan fue el discípulo del amor, escribió un Evangelio, tres epístolas y el Apocalipsis. Jacobo, según Hechos 12:1 y 2, fue uno de los primeros mártires cristianos. El que quería quemara los samaritanos entregó su vida por causa de Cristo.

Hoy puede ser un día histórico si revisas tu carácter y tu forma de ser, si encuentras qué aspectos deben ser modificados y si le pides a Dios que te ayude a cambiarlos.

"No es parte de la misión de Cristo obligar a los hombres a recibirlo. Satanás, y los hombres impulsados por su espíritu son quienes procuran violentar las conciencias. [...] No puede haber una evidencia más concluyente de que poseemos el espíritu de Satanás que el deseo de dañar y destruir a los que no aprecian nuestro trabajo u obran contrariamente a nuestras ideas. [...] Nada puede ser más ofensivo para Dios que el hecho de que los hombres, por fanatismo religioso, ocasionen sufrimientos a quienes son adquisición de la sangre del Salvador” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 451, 452). PA


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