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Cuando la vida es injusta

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"Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos. Aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación" (Habacuc 3:17, 18).

Mi abuela falleció a los 82 años, en 2007. Luego de múltiples tratamientos por sus problemas cardíacos y de salvar milagrosamente su vida tras varios infartos, descansó en el Señor debido a un fulminante cáncer estomacal, que consumió su vida en dos meses. Era una persona sana, activa, alegre, espiritual… Y forma parte de la interminable lista de quienes, incomprensible y rápidamente, la muerte arrebata por esta enfermedad.

La Unión Internacional contra el Cáncer designó el 15 de febrero como el Día Internacional de Lucha Contra el Cáncer Infantil. Entristece que alguien longevo pierda su vida en las garras del cáncer, pero más aún si es un niño. ¿Por qué un inocente infante tiene que atravesar algo así? Nos llena de indignación, de impotencia y de resignación (tal vez, en ese orden). ¿Por qué Dios permite semejantes cosas? ¿Dónde está el amante Creador cuando un niño muere? ¿Por qué gente buena sufre? Merecemos respuestas; y apenas vislumbramos un posible alivio ante tamaña desesperación.

Asomados levemente a la ventana del gran conflicto entre el bien y el mal (cuyo campo de batalla son este mundo y nuestros corazones), podemos percibir un rayo de consuelo:

  • Estamos en guerra:Aunque vencida (1 Cor. 15:50-58), la muerte reina desde que entró el pecado (Rom. 5:1-21), e integra la ingrata experiencia en este mundo.
  • Estamos en un mundo injusto:Las historias de Abel, Job, José, Daniel, Esteban, y hasta del mismo Jesús, testifican de esto. Lee el Salmo 73. A la gente buena le suceden cosas malas.
  • Paganos las consecuencias del pecado:Ciertamente, los niños son inocentes comparados con las atrocidades que podría cometer un adulto, pero nacimos con el nefasto sello del pecado. La consecuencia del pecado es la muerte (Rom. 6: 23). Pero, el texto no termina allí el don de Dios en Cristo Jesús es vida eterna.

Aunque transitemos este valle de sombra de muerte, hoy puede ser un día histórico. Alza la vista. Renueva la esperanza. Confía en Dios, aunque no lo entiendas todo.

"Es deber de toda persona que profesa ser cristiana mantener sus pensamientos bajo el control de la razón, y obligarse a ser animosa y feliz. No importa cuán amarga pueda ser la causa de su pena, debería cultivar un espíritu de reposo y quietud en Dios" (Elena de White, Alza tus ojos, p. 100). PA


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