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El bacilo del servicio

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“Al ponerse el sol, la gente le llevó a Jesús todos los que padecían de diversas enfermedades; él puso las manos sobre cada uno de ellos y los sanó" (Lucas 4:40, NVI).

Un 24 de marzo de 1882, Robert Koch presentaba su descubrimiento del bacilo de la tuberculosis. Quizá pueda significar un descubrimiento más en la historia. Pero, considerando que entonces la tuberculosis causaba una de cada siete muertes, su descubrimiento cobra la debida relevancia.

Su investigación sobre el ántrax logró demostrar indubitablemente cuál es el agente causante de esa enfermedad, lo que posibilitó su prevención. En 1883, Koch también identificó al bacilo del cólera y señaló que se transmite a los seres humanos a través de agua contaminada. Luego, se dedicó a estudiar las causas de las enfermedades transmitidas por insectos en África. En 1891, Koch fue nombrado director del Instituto de Enfermedades infecciosas de Berlín, creado para la investigación médica especializada. Se jubiló en ese puesto, después de toda una vida de investigación del origen de las enfermedades. En 1905, fue laureado con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina. Es considerado el padre de la Bacteriología.

Quizás el mayor logro de Koch fue su vocación de formador. Sus discípulos llegaron a descubrir la causa de muchísimas enfermedades. Gafky y Eberth descubrieron el bacilo tífico; Lófier, el bacilo diftérico, Pfeiffer, el Bacillus influenzae; Welch, el Clostridium de la gangrena gaseosa. Kitasato y Nikolaier fueron los descubridores del bacilo tetánico. Emil von Behring descubrió la antitoxina diftérica y la seroterapia, fundó la toxicología, y le otorgaron el Premio Nobel en 1901. Paul Ehrlich, fundador de la inmunología, fue el descubridor de la fagocitosis, y recibió el Premio Nobel en 1908, junto con Ilja Metchnikoff.

Si bien su trabajo como investigador científico era bien pagado, Koch no tuvo una vida glamorosa. Dedicó su vida al descubrimiento de la causa de varias enfermedades letales, y Salvó incontables vidas desde entonces. También dejó un legado mediante sus discípulos. Si Koch viviera hoy. Sus descubrimientos serían presentados en publicaciones de divulgación científica. Pero poca atención recibiría del resto de esta sociedad frívola, donde los medios están ocupados con otros temas, como la farándula y los espectáculos; donde los héroes son gente de pacotilla, cuyo único mérito es su vida disipada o tener cuerpo bien esculpido; sabemos que esto genera mayor rating que toda una vida dedicada a aliviar el sufrimiento ajeno.

Sin embargo, esas luces de neón no deben marearnos. La fama, el sexo licencioso y la droga solo traen dolor, esclavitud, vacío existencial y soledad. La verdadera felicidad está en una vida dedicada a los demás, como lo ejemplificó el ministerio terrenal de Cristo. Hoy, decide seguir su ejemplo contra viento y marea. MB


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