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Un día para la libertad

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"El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos" (Lucas 4:18).

En 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 3 de mayo como Día Mundial de la Libertad de Prensa, en virtud de la instauración de la Declaración de Windhoek sobre el libre ejercicio del periodismo.

Cada año, se conmemora esta fecha como una manera de rendir tributo a los numerosos periodistas alrededor del mundo que por decisión profesional, ponen en peligro sus vidas, ya sea por cubrir enfrentamientos armados, catástrofes naturales y otras situaciones de peligro, en el esfuerzo de informar a sus sociedades y de promover el libre flujo de la información.

Más allá de estas situaciones de peligro para los periodistas, hay un ser que odia la libertad y que quiere esclavizarnos. Hablamos del mismo Satanás, ni más ni menos. "De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado", explicó Jesús en Juan 834. San Pablo, en Romanos 6:15 al 23 explica esto mismo. Pero tanto él, como Jesús en Juan 8, brindan una salida de esperanza:

"Más ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna" (Rom.622).

"Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres [...]. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres" (Juan 832, 36).

Erróneamente, pensamos que podremos ser libres dando rienda suelta a nuestras pasiones, deseos y gustos. Creemos que sujetarnos a lo que Dios ordenó en la Biblia equivale a colocarnos una férrea cadena. Pero no, Dios es un Dios de libertad que, lejos de obligarte, desea que lo ames de manera natural y por haberlo decidido así. "Y andaré en libertad, porque busqué tus mandamientos" (Sal. 119:45).

Hoy puede ser un día histórico. Agradécele a Dios por la libertad que te da y procura elegir entregarle tu corazón y obedecer su Ley.

"Antes que el pecado creara la necesidad, Dios había provisto el remedio. Toda alma que cede a la tentación es herida por el adversario, pero dondequiera que haya pecado está el Salvador. Es obra de Cristo "sanar a los quebrantados de corazón [...] pregonar libertad a los cautivos [...] poner en libertad a los oprimidos" (Elena de White, La educación, p. 98). PA


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