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Sifra y Fúa contra el rey

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"Y Dios hizo bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera. Y por haber las parteras tenido a Dios, él prosperó sus familias" (Éxodo 1:20, 21).

¿Alguna vez has tenido miedo por haber desobedecido? Tal vez, no hayas acatado la orden de tus padres y recibiste un castigo por eso. Quizás, en la escuela realizaste actos en contra de las reglas y recibiste amonestaciones o apercibimientos. Pero ¿alguna vez te has atrevido a burlar la autoridad de un rey? Muchos, a lo largo de la historia, han pagado con su vida esa rebelión.

Para la Organización de las Naciones Unidas, el 5 de mayo es el Día internacional de la Partera. Este recuerdo es un humilde homenaje a aquellas personas que contribuyen de manera significativa a un futuro mejor, suministrando salud reproductiva de calidad tanto a la madre como al recién nacido. Tal vez, esta tarea sea considerada de menor valía o categoría en relación con la de un médico, por ejemplo. Pero en ciertas regiones, la labor de las parteras es esencial. Está comprobado que su trabajo contribuye grandemente a la disminución del índice de mortalidad en el parto, de trabajos de parto y de partos prematuros.

En la Biblia se habla de dos parteras, Sifra y Fúa, quienes, lejos de lo que podríamos pensar, desobedecieron al poderoso Faraón, que ordenó matar a todo recién nacido del pueblo de Israel que sea del sexo masculino. Ellas eran temerosas de Dios (Éxo. 1:17). Con astucia, argumentando que las mujeres israelitas daban a luz antes de que ellas llegaran, las parteras dejaban con vida a los descendientes de Jacob. Dios bendijo a esas mujeres; y su heroico acto no pasó desapercibido. Incluso, en la Biblia se las menciona por nombre.

Y Dios también te bendecirá a ti, si decides colocarte del lado de la verdad y la justicia, y si aceptas (como dice Juan 3:1 al 15, que registra la conversación de Jesús y de Nicodemo) nacer de nuevo.

Hoy puede ser un día histórico. Sé como un partero, y pide a Dios que te brinde su poder para nacer a una nueva vida en Cristo.

"Necesitaban grandemente este mismo cambio que Cristo había estado explicando a Nicodemo: un nuevo nacimiento moral, una purificación del pecado y una renovación del conocimiento y de la santidad” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 145). PA


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