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El hombre que navegó por todo el mundo

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"Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra. Y subieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la tierra; y flotaba el arca sobre la superficie de las aguas"(Génesis7: 17, 18).

¿Alguna vez has viajado en barco? ¿En un bote? ¿En un kayak? No sé si te resultó agradable o no la experiencia, pero lo cierto es que, desde la antigüedad, el hombre se ha movido sobre el agua por medio de diferentes instrumentos de navegación.

Sin embargo pocos, o ninguno, lograron lo que consiguió Ben Carlin el 13 de mayo de 1958: dar la vuelta al mundo en un vehículo anfibio. Carlin, un aventurero nacido en Australia, viajó más de 17 mil kilómetros por mar y 62 mil por tierra, en una travesía que duró diez años.

En la Biblia se relata la épica historia de Noé, un aventurero que tuvo que afrontar un viaje marítimo sin escalas ni seguridades. Hablamos de alguien que no era un mero explorador ni un marinero; nada de eso. No obstante, Noé es presentado de esta manera: "Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé" (Gén. 69). ¡Impresionante!

Por eso, obedeció la extraña orden de construir un arca debido a la intensa lluvia que vendría. Recuerda que en esa época, no existía la lluvia, por lo que Noé tuvo que ejercer fe en Dios y ser paciente ante las burlas de todos quienes lo veían preparar el arca. Pero, Noé era fiel Génesis 6:22 revela el secreto de su éxito: "Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó".

Luego, él, su familia y los animales soportaron cuarentas días de furiosa tempestad. En total fueron 150 días los que permanecieron en el arca. Y Dios fue fiel y cumplió sus promesas.

Hoy puede ser un día histórico. Conoce y reclama las promesas divinas. Obedece a Dios como Noé, más allá de que las circunstancias no sean muy alentadoras.

"Dios nos invita a probar por nosotros mismos la realidad de su Palabra, la ver dad de sus promesas. En vez de depender de las palabras de otro, tenemos que probar por nosotros mismos [...]. Sus promesas se cumplirán. Nunca han faltado; nunca pueden faltar. Y cuando nos acerquemos al Señor Jesús y nos regocijemos en la plenitud de su amor, nuestras dudas y tinieblas desaparecerán ante la luz de su presencia" (Elena de White, El camino a Cristo, p. 112). PA


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