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E=mc²

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"Hoy te doy a elegir entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal. Hoy te ordeno que ames al Señor tu Dios, que andes en sus caminos, y que cumplas sus mandamientos, preceptos y leyes" (Deuteronomio 30:15, 16, NVI).

El 1 de julio de 1905, la revista erudita Annalen der Physik publicaba cuatro ensayos de Albert Einstein: los Annus Mirabilis Papers. En uno, acerca de la equivalencia entre masa y energía, Einstein deduce, de sus ecuaciones de la relatividad especial la ecuación más conocida del siglo XX: E=mc². La Teoría de la Relatividad revolucionó el pensamiento científico con nuevos conceptos acerca del tiempo, el espacio, la masa, el movimiento y la gravitación. Esta ecuación fundamentaría el desarrollo de la energía atómica.

Aun teniendo creencias panteístas o deístas, Einstein creía que Dios estaba detrás del orden matemático hallado en el Universo: "Cuanto más imbuido esté un hombre en la ordenada regularidad de los eventos, más firme será su convicción de que no hay lugar-del lado de esta ordenada regularidad- para una causa de naturaleza distinta. Para ese hombre, ni las reglas humanas ni las 'reglas divinas' existirán como causas independientes de los eventos naturales".

Intuyó que detrás de todos los aspectos del ser humano (no solo el físico), están las leyes de Dios. Elena de White clarifica:

“El mismo poder que sostiene la naturaleza, trabaja también en el ser humano. Las mismas leyes que guían a la estrella y al átomo, rigen la vida humana. Las leyes que gobiernan la acción del corazón para regular la salida de la corriente de vida al cuerpo, son las leyes de la poderosa Inteligencia que tiene jurisdicción sobre el alma. De esa Inteligencia procede toda la vida. Únicamente en la armonía con Dios se puede hallar la verdadera esfera de acción de la vida. La condición para todos los objetos de su creación es la misma. Una vida sostenida por la vida que se recibe de Dios, una vida que esté en armonía con la voluntad del Creador. Transgredir su ley, física, mental o moral, significa perder la armonía con el universo, introducir discordia, anarquía y ruina” (La educación, p.90).

Puesto que la gran Ley de Dios abarca la totalidad del ser humano, debemos honrarla y respetarla en cada faceta del ser. Sería inútil solo respetar la Ley moral de Dios, y transgredir su ley física en el cuidado de nuestro cuerpo, o las leyes mentales. Estas leyes demarcan nuestra felicidad. Transgredirlas afecta la totalidad del ser Mediante la revelación bíblica, están allí para nuestra felicidad. Pero, su conocimiento implica responsabilidad.

Proponte profundamente observar las leyes divinas. Allí encontrarás el camino hacia el bienestar total. MB


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