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Dinero fácil

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"Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual algunos, por codiciarlo. Se extraviaron de la fe y acabaron por experimentar muchos dolores" (1 Timoteo 6:10, RVC).

El 3 de julio de 2012, tras vencer a 47 contrincantes, Antonio Esfandiari ganó el mayor torneo de póquer de la historia, y fue premiado con más de 18 millones de dólares, ¡el mayor premio de póquer de la historia! Desde joven, se había convertido en "mago profesional" sobre el escenario. A los 19 años, fue invitado a un torneo de póquer en Texas y desde entonces, siempre triunfó en este juego. Ganó dos veces el campeonato del Tour Mundial de Póquer, y tres series mundiales. Es quien más dinero ha ganado en póquer: más de 26 millones de dólares.

La Biblia no menciona directamente estos juegos, pero Pablo advierte contra el amoral dinero como raíz de todo mal y una razón del abandono de la fe. La gente juega a la lotería, etc., pues codicia dinero rápido y fácil. Contrariamente, el décimo mandamiento (Éxo. 20:17) condena la codicia. Quien desea riquezas mediante el azar, está entrampado por Satanás para destruirlo.

Es ilógico usar dinero y tiempo en el juego. Esta industria puede existir porque la gente pierde más de lo que gana. Primero se juega por diversión, pero luego se convierte en una obsesión. Elena de White advierte: "Satanás ha inventado muchas formas de dilapidar los medios que Dios ha dado. Los juegos de naipes, las apuestas, los juegos de azar, las carreras de caballos [...] son invenciones suyas, y él ha inducido a los hombres a promover estas diversiones con tanto celo como si estuvieran ganándose la preciosa dádiva de la vida eterna. Los hombres gastan sumas inmensas en estos placeres prohibidos y, como resultado, su capacidad, que ha sido comprada con la sangre del Hijo de Dios, es degradada y corrompida" (Consejos sobre mayordomía cristiana, pp. 136, 137).

La psicología confirmó este consejo inspirado, incluyendo la ludopatía como trastorno psicológico, en que la persona se ve urgente e incontroladamente obligada a jugar, de forma persistente y progresiva, y perjudica su vida personal, familiar y vocacional.

Si tuviésemos este problema, primero admitámoslo. Luego, abandonémoslo inmediatamente y busquemos refugio en un grupo de ayuda, para evitar recaídas. Lo mejor es mantenerse alejados de estímulos que nos atraigan al juego y fortalecer la autoestima. Primordialmente, tengamos una comunión constante con Dios y aferrémonos de sus promesas de sanidad en la lucha contra cualquier tentación. MB


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