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El hombre que quería comprar la verdad

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"El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia" (Proverbios 28:13).

Había una vez un hombre que quería comprar la verdad.

-¿Qué clase de verdad desea comprar usted?-preguntó el encargado de la tienda-. Tenemos verdades a medias, verdades relativas y verdades mezcladas con mentiras.

-No, ninguna de esas -respondió el comprador-. Yo quiero la verdad clara, sin rodeos ni racionalizaciones.

El empleado lo miró seriamente y dijo:

-Le advierto que ese tipo de verdad cuesta mucho.

-Estoy dispuesto a pagar lo que sea necesario-aseguró el hombre.

-El precio es el siguiente: usted será responsable por ella todos los días de su vida.

El comprador dio media vuelta, y se marchó muy triste. No estaba dispuesto a asumir un precio tan grande. Sus buenas intenciones por adquirir la verdad se esfumaron porque prefería seguir buscando refugio en sus creencias inestables. El hombre de esta parábola no pudo seguir el notable consejo del rey Salomón en Proverbios 23:23: "Compra la verdad y no la vendas; la sabiduría, la inteligencia y la enseñanza".

En 1974, el caso Watergate sacudió los Estados Unidos. El robo de documentos que tuvo lugar en el edificio Watergate (de Washington D. C.), sede del Comité Nacional del Partido Demócrata, y el posterior intento de encubrimiento de la administración del presidente Nixon hicieron que estallara el escándalo.

Así, el 24 de julio de 1974, la Corte Suprema de los Estados Unidos ordenó a Nixon entregar las cintas con grabaciones de sus conversaciones, que mantenía en su poder. Tan grave fue la situación que, el 9 de agosto de 1974, Nixon dimitió de su cargo.

Hoy puede ser un día histórico. Recuerda decir siempre la verdad. No hallar la verdad, expresarla parcialmente o directamente ocultarla siempre trae problemas. Recuerda que eres responsable por la verdad. Vive a la altura de semejante legado.

"En todos los detales de la vida deben mantenerse los más estrictos principios de honestidad. Estos no son los principios que gobiernan nuestro mundo, porque Satanás -engañado, mentiroso y opresor- es el amo, y sus súbditos lo siguen y llevan a cabo sus propósitos. Pero los cristianos sirven bajo un Amo diferente, y sus acciones deben ser llevadas a cabo en Dios, sin tomar en cuenta para nada la ganancia egoísta" (Elena de White, Mente, carácter y personalidad, t. 2, p. 439). PA


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