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El incendio que detuvo la peste

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“Guardaos, no os olvidéis del pacto de Jehová vuestro Dios, que él estableció con vosotros, y no os hagáis escultura o imagen de ninguna cosa que Jehová tu Dios te ha prohibido. Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor Dios celoso" (Deuteronomio 4:23, 24).

En la madrugada del 2 de septiembre de 1666, se inició un gigantesco incendio en la ciudad de Londres, Inglaterra, que duró hasta el 5 de ese mes. El fuego destruyó el centro de la ciudad medieval, dentro de la vieja muralla romana de Londres. Amenazó, pero no llegó, al distrito aristocrático de Westminster, el palacio real de Whitehall y la mayoría de los asentamientos suburbanos de Londres.

Fue una de las mayores calamidades de la historia de Londres. Destruyó más de 13 mil casas, 87iglesias y 4 puentes sobre los ríos Támesis y Fleet. Se desconoce el número de víctimas fatales.

Lo positivo de este incendio, en medio de esta tragedia, es que puso punto final a la epidemia de peste bubónica que causó más de 68 mil muertes en la ciudad, desde su inicio en 1665.

El fuego consume, pero también purifica y refina. Así como el incendio de Londres devastó gran parte de la ciudad pero, gracia a él, se frenó la peste, a veces Dios permite que el "fuego" nos alcance, para pulir nuestro carácter. Ya lo advirtió el apóstol Pedro: "Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría" (1 Ped 4:12, 13).

Hoy puede ser un día histórico. Acepta que algunas circunstancias que te toca enfrentar podrán ayudarte a ser una mejor persona, y a detener algo maligno que escondes o que forme parte de tu vida.

"En su providencia, el Señor pone a los hombres donde él pueda probar sus facultades morales y revelar sus motivos de acción, a fin de que puedan mejorar lo que es bueno en ellos y apartar lo que es malo. Dios quiere que sus siervos se familiaricen con la maquinaria moral de su propio corazón. A fin de producir esto, con frecuencia permite que el fuego de la aflicción los asalte para que sean purificados" (Elena de White, Testimonios selectos, t.3, p. 250). PA


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