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El mundo de las ideas

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"No con palabras aprendidas de la sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, que explican las cosas espirituales con términos espirituales" (1 Corintios 2:13, RVC).

Nadie pensaría que ese hijo de un tonelero y de una ama de casa, que nacía el 26 de septiembre de 1889, sería uno de los filósofos más influyentes de los últimos dos siglos. Martin Heidegger nació en Messkirch, Baden, Alemania. Estudió Teología Católica, Ciencias Naturales y Filosofía en la prestigiosa Universidad de Friburgo, de Brisgovia, y fue discípulo de Edmund Husser, creador del movimiento fenomenológico. En poco tiempo, fue docente de Filosofía.

Heidegger fue un buen transmisor de ideas ajenas; también elaboró su propia línea de pensamiento, contribuyendo a la filosofía del existencialismo del siglo XX; impulsó los movimientos deconstruccionistas de la posmodernidad, e influyó en filósofos como Jean-Paul Sartre, Jacques Lacan, Jacques Derrid y Gianni Vattimo.

Estos nombres de filósofos y escuelas filosóficas han influido en la manera en la que pensamos y actuamos cotidianamente en Occidente. El gran paso de la modernidad a la posmodernidad trajo un cambio de paradigma en las ciencias en particular, y en la Sociedad, en general. El ocaso de las metanarrativas, la globalización y la hiperconectividad son algunas manifestaciones de este cambio. Para la generación posmoderna, la realidad y la verdad son relativas, y dependen de la perspectiva subjetiva del observador.

Todas esas características culturales y sociales pertenecientes a nuestra era se originaron en pensadores y filósofos que rompieron con las cosmovisiones previas. Y Heidegger influyó muchísimo incluso en teología. Quebró el paradigma clásico de metafísica, en el que la realidades dual: el mundo de las ideas, atemporal y perfecto; y el mundo material, temporal e imperfecto. La idea de la inmortalidad del alma, por ejemplo, proviene de este dualismo que Heidegger desterró.

Por esa época también surgía el movimiento adventista y, luego, la Iglesia Adventista. No ya desde la filosofía, sino netamente basados en la teología, los pioneros profundizaron la deconstrucción teológica comenzada por los reformadores, Procuraban quedarse con la pura verdad bíblica, sin contaminación de tradiciones e ideas humanas. Y pudieron hacerlo porque estudiaban su Biblia. Como resultado, redescubrieron verdades bíblicas largamente descuidadas y olvidadas.

Ideas y cosmovisiones tienen un alcance mucho más vasto del que imaginamos. Es importante estudiar profundamente la Biblia y la historia para poder discriminar, fácilmente, las ideas provenientes de hombres de las de revelación divina. Las horas dedicadas al estudio nunca caerán en saco roto. MB


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