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En la búsqueda de la paz

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"En eso llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: 'La paz sea con ustedes'” (Juan 2:019, RVC).

Una de las distinciones mundiales más importantes otorgadas anualmente es el Premio Nobel de la Paz. Es uno de los cinco Premios Nobel instituidos por el inventor e industrial sueco Alfred Nobel. Se otorga "a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes, y la celebración y promoción de procesos de paz", según el testamento del propio Nobel.

El Premio Nobel de la Paz fue otorgado a 98 personas y a 20 organizaciones desde su creación en 1901. El Comité Internacional de la Cruz Roja lo recibió en tres ocasiones: 1917, 1944 y 1963.

No todos estos premios fueron aceptados unánimemente. Por ejemplo, fue otorgado a Barack Obama, presidente y comandante en jefe de una de las naciones más bélicas sobre el planeta. Sin embargo, nunca le fue dado a Mahatma Gandhi, que hizo de la oposición no violenta su principal bandera.

Un 14 de octubre, el Nobel de la Paz fue otorgado a dos personas que admiro: Martin Luther King Jr. (1964) y Elie Wiesel (1986). Luther King, Jr. fue un ministro estadounidense de la Iglesia Bautista, que desarrolló una labor crucial en Estados Unidos al frente del Movimiento por los Derechos Civiles para los Afroestadounidenses. Por esa actividad encaminada a terminar con la segregación estadounidense y la discriminación racial a través de medios no violentos, fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz. Cuatro años después, cuando su labor se orientaba especialmente hacia la oposición a la guerra y la lucha contra la pobreza, fue asesinado en Memphis, cuando se preparaba para asistir a una cena informal de amigos.

Elie Wiesel es un escritor húngaro de nacionalidad rumana, superviviente de los campos de concentración nazis. Dedicó su vida a escribir y a hablar sobre los horrores del Holocausto, con la firme intención de evitar que se repita en el mundo una barbarie similar.

Desde diferentes lugares y con diferentes trasfondos, aun con debilidades y flaquezas, estas dos personas dedicaron su vida a luchar por un mundo mejor, en el que haya menos injusticia y desigualdad. Como cristianos, sabemos que la paz definitiva no se alcanzará hasta que venga el verdadero Príncipe de Paz y ponga un fin a esta historia de pecado. Mientras tanto, deberíamos luchar por los principios e ideales del evangelio, que incluyen la salvación eterna, y también justicia y misericordia aquí, en la tierra, y la búsqueda del alivio temporal para aquellos más desprotegidos. MB


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